
The Boys prometía muchas cosas y pocas ha cumplido. Desde su estreno en 2019, la serie se convirtió en el reverso oscuro del mundo de los superhéroes. Eso, al subvertir el mito del héroe perfecto y desinteresado, para explorar en un tipo de personaje corrompido y desagradable. A diferencia del Universo cinematográfico de Marvel o DC, la historia presentó a los llamados supers como figuras corporativas, narcisistas y moralmente corruptas. Todas controladas por el conglomerado mediático Vought International. De modo que rápidamente se convirtió en una sátira mordaz de nuestra propia realidad. Una que exploró los peligros del poder absoluto; el marketing agresivo y la cultura de la celebridad a menudo ocultan comportamientos abusivos.
Algo que logró a medias y sobre todo en sus primeras temporadas, al humanizar a los villanos y volver monstruos a los héroes. Lo que obligó al argumento a cuestionar la fe ciega en las figuras de autoridad y las instituciones poderosas. Además, estableciendo un nuevo estándar de realismo crudo y cinismo necesario en la televisión contemporánea. Por lo que, durante sus dos primeras temporadas, The Boys se volvió una crítica cultural incisiva sobre la manipulación de masas y la ética en la era del capitalismo tardío.
Mucho más por su capacidad para abordar temas sociales espinosos, como el racismo sistémico, el acoso sexual, el extremismo político y la manipulación de la información. Pero a partir de la tercera temporada, la serie pareció perder fuelle y habilidad para indagar en sus puntos más celebrados sin parecer sermoneadora. Aún peor, sin volverse exactamente lo que criticaba: un universo expandido cada vez más ambicioso y comercial. Que es justo lo que sucedió y que terminó por convertir a The Boys en una versión torpe de su exitosa fórmula inicial.
Una decepción para el final de una de las grandes series de los últimos años

Algo más que obvio en su última temporada, en la que la serie no las ha tenido todas consigo, para profundizar en sus temas principales. Tampoco en los más elaborados o mucho menos, en encontrar cómo cerrar todas sus historias de manera adecuada. Si te estás preguntando el motivo de la debacle de lo que parecía la gran serie de superhéroes de la década, este análisis es para ti.
Te dejamos las cinco razones por las que falla la quinta temporada de The Boys. Desde un mal guion hasta personajes, hasta la saturación de su premisa. Todos los problemas que la serie no ha podido resolver y que llevaron a la caída notoria de la calidad de la serie.
Un guion torpe y con excesivo relleno

La quinta y última temporada de The Boys tiene un extraño ritmo que estancó la historia significativamente. A pesar de ser el capítulo final de la historia, la serie ha caído en el uso excesivo de episodios de relleno. Eso, sin lograr hacer avanzar la trama principal hacia el enfrentamiento definitivo entre Butcher (Karl Urban) y Homelander (Antony Starr). Por lo que la urgencia que debería caracterizar a una temporada final brilla por su ausencia.
Aún peor, con tramas secundarias que se sienten desconectadas del conflicto central y que parecen diseñadas únicamente para extender la duración de la serie. Esta falta de impulso ha llevado a que momentos que deberían ser climáticos pierdan impacto. En particular, porque The Boys se distinguió durante buena parte de sus anteriores temporadas por el impacto al plantear sus obsesiones y giros más retorcidos.
Al contrario, la última temporada parece haberse desinflado. En especial, por giros inexplicables como el de Homelander, más desalmado que nunca, pero de manera inexplicable de destruir a sus enemigos. Otro punto decepcionante es el nulo crecimiento de The Butcher, convertido simplemente en un personaje que debe cumplir un destino. Pero que no parece saber bien cómo hacerlo.
La sátira política sin mucho que decir

Otro elemento bajo de la quinta temporada es el manejo de la sátira política y social. Que en esta entrega ha perdido su sutileza inicial para volverse repetitiva y, en ocasiones, predecible. Si bien The Boys siempre se ha caracterizado por su crítica mordaz a la cultura de las celebridades y la política estadounidense, esta vez el recurso parece artificial.
Mucho más porque los chistes y parodias de esta temporada se sienten forzados o desactualizados, recurriendo a referencias de redes sociales que resultan algo vergonzosas para la audiencia. Un giro problemático que podría achacarse a la rapidez de la información contemporánea y al tiempo de rodaje de la serie. Pero también a la incapacidad del guion para resolver de forma ingeniosa el desfase.
Por lo que la serie ha pasado de ser una deconstrucción inteligente del género de superhéroes a convertirse en un vehículo de mensajes políticos superficiales. En particular, porque el guion ha utilizado el complicado panorama político norteamericano para su propio argumento. No obstante, esta vez le ha faltado audacia, inteligencia y profundidad.
Personajes vacíos para ‘The Boys’

El desarrollo de los protagonistas también ha sido objeto de controversia. En especial, con críticas dirigidas a la incapacidad del guion de explorar los dilemas de sus héroes y villanos más allá del cliché. Personajes como Hughie (Jack Quaid) y Starlight (Erin Moriarty) parecen estar atrapados en los mismos conflictos emocionales de temporadas pasadas. Eso, sin mostrar un crecimiento real, lo que resulta frustrante para una audiencia que ha seguido su viaje durante años.
Asimismo, la figura de Homelander, aunque sigue siendo magistralmente interpretada por Antony Starr, ha comenzado a sentirse menos amenazante. Mucho más, al parecer, ser incapaz de matar a los protagonistas. La falta de consecuencias permanentes y la sensación de que los héroes siempre encuentran una salida milagrosa han restado peso a las situaciones de peligro. Lo que ha provocado que el conflicto central se perciba más como una rutina que como una lucha desesperada por la supervivencia.
Mucho de lo mismo

Por otro lado, el uso excesivo de la violencia gráfica y el humor escatológico ha empezado a generar fatiga en lugar de sorpresa. Si bien el factor shock es parte del ADN de la serie, en esta quinta temporada es evidente que se ha priorizado la grosería y el gore gratuito sobre la calidad de la escritura.
Desde escenas extremadamente bizarras, como las que involucran fluidos corporales o humillaciones sexuales, hasta insultos y brutalidad explícita. En realidad, la parte más complicada de The Boys no aporta nada a la narrativa y se siente como intentos desesperados por mantener la etiqueta de serie transgresora.
Esta dependencia de la vulgaridad provocó que la serie pierda su equilibrio. Todo, al olvidar que la verdadera fuerza de The Boys residía en cómo esos elementos servían para subrayar la depravación de sus villanos, no solo para generar asco en el espectador.
El universo seriéfilo de ‘The Boys’

Por si todo lo anterior no fuera suficiente, la temporada final parece estar sirviendo como plataforma de lanzamiento para futuros proyectos del universo expandido de Vought. Eso, en lugar de centrarse exclusivamente en cerrar su propia historia. Este enfoque comercial da la impresión de que los creadores están más preocupados por construir una franquicia duradera que por ofrecer un final satisfactorio y cohesivo para el grupo original de personajes.
Y de hecho, hay una cierta ironía en el hecho de que The Boys parezca interesada en establecer sus spin-offs. Mucho más luego de burlarse de las grandes franquicias a cada oportunidad posible. Un punto que empaña el legado de la serie, transformando lo que debería haber sido una despedida brutal y definitiva en un puente hacia más contenido. Lo que sacrifica la integridad artística del cierre en favor de la expansión corporativa. Ni Vought se hubiera atrevido a tanto.
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