
El diablo viste de Prada 2 se estrenó y se convirtió en uno de los grandes éxitos del año. No solo al lograr cifras escandalosas de taquilla, sino también por sorprender por su calidad como historia. Eso, más allá de la sombra (alargada y muy recordada) de la recordada película original de 2006. Un mérito que debe tanto a su capacidad para extender y profundizar en los temas que hicieron famosa a la primera parte, como también para hacerlos relevantes en la actualidad. Una mezcla que sorprendió a la crítica y que deslumbró al público fanático de sus entrañables personajes.
Y son justamente sus protagonistas un punto esencial para comprender el triunfo de la cinta, en medio de señalamientos del uso de la pura nostalgia. Desde el regreso de la icónica Meryl Streep hasta la dupla imbatible entre Emily Blunt y Anne Hathaway. Lo cierto es que la cinta parece haber encontrado el equilibrio perfecto entre una premisa fresca, diversión garantizada y rendir homenaje a su legado. Mucho más, destacar que algunas secuelas son, además de necesarias, una manera de actualizar las historias más recordadas del cine.
Algo más que notorio, en el crecimiento de todas sus grandes figuras, y en especial, el de Andy Sachs, interpretada por Anne Hathaway. La actriz consiguió brindar a la recordada pasante una segunda vida y una dimensión, ahora como periodista adulta. Lo que demuestra la perspicacia de la actriz para papeles complicados. No obstante, no es el único que Hathaway ha llevado adelante este año. También protagonizó una rarísima película que sorprendió al mostrar las capacidades de la actriz desde una nueva faceta.
Una celebridad inquietante para Anne Hathaway

Mother Mary, la nueva película del aclamado director David Lowery protagonizada por Anne Hathaway, ha sorprendido desde su estreno. Eso, por ser una de las propuestas más audaces y esperadas del estudio A24. Eso debido a que la cinta fusiona el drama épico con la industria de la música contemporánea. La trama se centra en la relación profesional y personal entre una estrella del pop ficticia, interpretada por Hathaway, y una icónica diseñadora de moda, a cargo de Michaela Coel. Entre ambas, surge una tensión latente y casi siniestra. En especial, porque la misteriosa cantante Mother Mary es en la película una especie de semidiosa que se alimenta de la aclamación del público.
Lo que distingue a este proyecto es su ambición de capturar la intensidad del estrellato global bajo una lente casi mitológica. Por lo que explora cómo el culto a la personalidad y la creación artística se entrelazan en un mundo dominado por la imagen. Todo gracias a que la dirección de Lowery transforma un drama biográfico ficticio pero convencional en una experiencia sensorial profunda. Además, cargada de simbolismo y una estética visualmente arrebatadora que desafía las convenciones del género musical moderno.
Un elenco de lujo

Pero claro está, el corazón de la película reside en su potente elenco, encabezado por dos de las actrices que logran que sus personajes sean misteriosos y casi macabros. Anne Hathaway encarna a una diva de la música, en un papel que le exige no solo profundidad emocional, sino también una presencia escénica magnética. Por su parte, Michaela Coel aporta su característico estilo audaz y su capacidad para retratar personajes complejos y vulnerables a la vez.
Además, las intérpretes comparten una química eléctrica en pantalla, diseñada para diseccionar las dinámicas de poder, la fama y el sacrificio personal que conlleva el éxito masivo. La participación de Hunter Schafer en un papel secundario añade una capa adicional de frescura y relevancia cultural al proyecto. Bajo la supervisión de Lowery, este reparto no solo busca contar una historia, sino personificar las tensiones inherentes a la identidad pública frente a la privada. Lo que ofrece una mirada cruda a las estructuras que sostienen a los íconos de la cultura popular actual.
Un muy poco común musical

La música juega un papel fundamental y casi protagónico en Mother Mary, elevándola más allá de un drama tradicional. La banda sonora cuenta con canciones originales escritas por Jack Antonoff y Charli XCX, dos de las figuras más prominentes del pop contemporáneo. Esta elección no es casual. La participación de Antonoff asegura una calidad de producción que rivaliza con los éxitos de las listas actuales, mientras que la sensibilidad vanguardista de Charli XCX aporta un toque de rebeldía y modernidad que encaja perfectamente con la visión de Lowery.
Eso debido a que en Mother Mary, la música no solo sirve como telón de fondo. También expresa los estados de ánimo de los personajes y comenta sobre la naturaleza efímera y a veces destructiva de la industria musical. Por lo que las secuencias de conciertos y los momentos de creación musical son visualmente espectaculares. Para lo que se utiliza la coreografía y el diseño sonoro, como un método para sumergir al espectador en el frenesí y la soledad que definen la vida de una estrella de clase mundial.
Descrita por su director como un melodrama pop épico, Lowery explora la idea de la madre no necesariamente en un sentido biológico. En realidad, se enfoca más en una como una figura de creación, autoridad y sacrificio. Por lo que la película explora el hecho de que la fama es una forma de religión moderna donde las estrellas son elevadas a la categoría de deidades. Para luego ser sometidas al escrutinio y la posible caída. Un proceso angustioso y a menudo doloroso que la actuación de Anne Hathaway lleva a otro nivel y convierte a la cinta en una de las más interesantes del año.
Mother Mary se estrena en España el 31 de julio.
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