Durante años, solo la mitad de la población ha recibido la atención suficiente en materias de salud. La mayoría de ensayos clínicos se realizaban en hombres y los síntomas de enfermedades que se estudiaban eran los masculinos. Las mujeres han permanecido muchísimo tiempo en segundo plano. Un buen ejemplo de ello es el de los infartos, pues los signos de alarma que todos conocemos son los que afectan a los hombres. Los de las mujeres son diferentes y menos conocidos. Si a eso le sumamos que, a menudo, cualquier síntoma femenino se traduce como ansiedad, tenemos todos los factores para que las enfermedades del corazón en los hombres reciban más atención que las de las mujeres. Y la verdad es que lo hacen. El problema es que, en vez de aprovechar ese sesgo cultural que tanto les beneficia, rechazan la ayuda que se les brinda porque “los hombres no lloran”.

Un estudio reciente, publicado por científicos de la Universidad de Chicago, demuestra que la expresión de género masculino afecta a la salud cardiovascular de una forma puramente social. Cuanto más se cumple con los estereotipos típicos del hombre, más probable es que los pacientes no busquen ayuda médica o no sigan los tratamientos pautados. A veces, incluso habiendo recibido un diagnóstico o un tratamiento, se niegan a informar sobre ello.

Es por esto por lo que la salud del corazón de los hombres, aun recibiendo mucha más atención que la de las mujeres, puede deteriorarse antes. Porque no cogen el chaleco salvavidas que se les da incluso cuando el agua apenas les sube de los tobillos. Las mujeres puede que reciban el chaleco con el agua al cuello, pero se aferran a él con todas sus fuerzas. 

Un estudio diferente sobre la salud del corazón de los hombres

Para la realización de este estudio se contó con datos de Add Health, un estudio longitudinal representativo de Estados Unidos que recopiló mediciones de salud y respuestas de encuestas de más de 12.300 personas durante 24 años (1994-2018). 

Entre las encuestas que se realizaron a los voluntarios había algunas preguntas que se podían asociar a la expresión de género. Es decir, a la cantidad de estereotipos sociales relacionados con el género que cumple cada persona. Por ejemplo, los niños van de azul y las niñas de rosa. 

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Los estereotipos son sociales, no biológicos. Crédito: Ben Tosett

Centrándose en la salud del corazón de los hombres, los autores del estudio compararon las mediciones biológicas de Add Health con las respuestas de la encuesta. El objetivo era ver si los hombres con factores de riesgo detectables como la presión arterial alta informaron recibir diagnósticos o tratamiento para esas afecciones.

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