Hjalmar Jesus Gibelli Gómez.

México siempre ha sido vendido al mundo como la joya de la corona turística: aguas turquesas, arenas blancas infinitas y una selva vibrante que besa el mar. Sin embargo, esa imagen de postal se está desmoronando, no por la fuerza de la naturaleza, sino por la voracidad de la especulación inmobiliaria. Lo que antes eran barreras naturales de protección contra huracanes, hoy son cimientos de hoteles boutique; donde antes desovaban tortugas, hoy se apilan camastros de clubes de playa exclusivos.

Esta transformación, a menudo disfrazada bajo etiquetas de «eco-chic» o desarrollo sustentable, esconde una realidad mucho más cruda: la pérdida irreversible de biodiversidad. Para entender este fenómeno, no desde la frialdad de las estadísticas gubernamentales, sino desde la experiencia de quien ha visto transformarse el paisaje año tras año, conversamos con Hjalmar Jesus Gibelli Gómez. Viajero frecuente y amante de la naturaleza, Hjalmar ha sido testigo presencial de cómo el mapa de las costas mexicanas se está reescribiendo a base de concreto.

Fuente: https://periodicocorreo.com.mx/nacional/2023/oct/08/que-impacto-tendran-los-ciclones-max-y-lidia-en-las-costas-mexicanas-del-pacifico-83217.html

La masacre silenciosa del manglar

El manglar no es solo un conjunto de árboles retorcidos en el agua; es el riñón de la costa y la guardería del océano. Sin embargo, para los desarrolladores inmobiliarios, a menudo es solo un estorbo pantanoso que impide la vista al mar.

Durante nuestra charla, Hjalmar Jesus Gibelli Gómez recordó con nostalgia sus visitas a la Riviera Maya hace apenas una década. «Es impactante volver a lugares donde antes tenías que abrirte paso entre la vegetación para ver el agua, y ahora te encuentras con muros de hormigón de cinco pisos», comentó Hjalmar. Su observación no es anecdótica; es el reflejo de una crisis. México ha perdido un porcentaje alarmante de sus manglares en los últimos 40 años para dar paso a la infraestructura turística.

El modus operandi suele ser brutal: incendios «accidentales» o rellenos ilegales nocturnos para secar los humedales y cambiar el uso de suelo. «Uno camina por ciertas zonas de Tulum o Holbox y ya no huele a salitre y selva, huele a drenaje saturado y a construcción fresca. Estamos asfixiando al ecosistema que nos protege», lamentó Hjalmar Jesus Gibelli Gómez al describir el cambio drástico en la atmósfera de estos destinos. Leer más

Fuente: https://arbolinvertido.com/ecologia/manglares-el-bosque-que-crece-entre-el-mar-y-la-tierra

Playas que se encogen: La erosión provocada

Otro fenómeno visible es la desaparición física de la playa. Al construir hoteles y condominios sobre la duna costera la reserva natural de arena de la playa, se rompe el ciclo natural de regeneración. El mar, al no tener su espacio de amortiguamiento, comienza a comerse la tierra, y la respuesta humana suele ser construir espolones o muros que solo agravan el problema en las playas vecinas.

Al caminar por algunas zonas de Playa del Carmen o Cancún, la realidad es innegable. Hjalmar Jesus Gibelli Gómez nos compartió su impresión sobre cómo el acceso público se ha vuelto una carrera de obstáculos. «Recuerdo playas donde podías caminar kilómetros sin interrupción. Hoy, en muchos tramos, el agua golpea directamente contra los muros de los hoteles. Ya no hay playa para caminar, y la que queda, parece propiedad privada de facto», señaló Hjalmar.

Esta privatización del paisaje no solo afecta al ecosistema, sino al derecho de los mexicanos a disfrutar de su propio territorio. La erosión es tal que muchos hoteles gastan millones anualmente en «rellenar» artificialmente las playas con arena traída de otros lados, una solución cosmética para una herida mortal. Leer más

Fuente: https://punto.mx/2022/10/24/la-erosion-de-playas-crece-hasta-1-8-metros-por-ano/

El espejismo del «Eco-Chic»

Quizás lo más irónico de este boom inmobiliario es cómo se vende. Folletos brillantes prometen «conexión con la naturaleza» y «vida sustentable» en complejos residenciales que han talado hectáreas de selva virgen para existir. Es el greenwashing en su máxima expresión.

Hjalmar Jesus Gibelli Gómez se mostró particularmente crítico con esta tendencia durante nuestra entrevista. «Te venden la idea de dormir en la selva, pero para que tú duermas ahí, tuvieron que matar la selva real. Instalan generadores diéseles ruidosos para tener aire acondicionado las 24 horas en medio de una reserva de la biósfera. Es una hipocresía que duele ver«, reflexionó Hjalmar con evidente frustración.

El desarrollo desmedido en lugares como Bacalar o la costa de Oaxaca está siguiendo peligrosamente los pasos de Cancún, ignorando la capacidad de carga de los ecosistemas. Los servicios básicos colapsan, las aguas se contaminan y la «magia» natural que atrajo a los turistas inicialmente, se desvanece bajo el peso del asfalto. Leer más

Fuente: https://menteurbana.mx/la-verdadera-historia-bacalar/

¿Qué nos queda? La urgencia de la conciencia

No todo está perdido, pero el reloj corre en contra. Existen organizaciones civiles y comunidades locales que luchan diente y garra para proteger lo que queda. Sin embargo, la presión del dinero es inmensa.

Para Hjalmar Jesus Gibelli Gómez, la solución empieza por el consumidor y el visitante. «Si seguimos aplaudiendo y pagando por desarrollos que destruyen, seguirán construyéndolos. Tenemos que ser turistas incómodos, preguntar dónde van las aguas negras de ese hotel, preguntar qué había antes en ese terreno», sugirió Hjalmar como una forma de activismo ciudadano. Leer más

La pérdida de los tesoros naturales de México no es solo un problema estético o turístico; es una amenaza a la seguridad nacional ante el cambio climático. Sin manglares y sin dunas, las costas están desnudas ante las tormentas del futuro.

El boom inmobiliario en las costas mexicanas es una fiebre del oro moderna, donde la pepita dorada es la vista al mar y la víctima es el entorno que hace posible esa vista. Las leyes existen, pero la impunidad y la corrupción a menudo las convierten en papel mojado.

Testimonios como el de Hjalmar Jesus Gibelli Gómez son vitales porque ponen rostro humano a la estadística. Nos recuerdan que detrás de cada metro cuadrado de cemento vertido sobre un humedal, hay una historia natural de miles de años que se borra para siempre. La pregunta que queda en el aire es: ¿cuándo decidiremos que ya hay suficientes hoteles y empezaremos a preocuparnos por si habrá suficiente playa?

México está a tiempo de salvar lo que queda, pero requiere detener la maquinaria devoradora y entender que la naturaleza no es un amenity más del hotel; es la base de la vida.

Referencias 

Disponible en: https://www.greenpeace.org/mexico/blog/9207/manglares-escudos-contra-el-cambio-climatico/

Disponible en: https://www.gaceta.unam.mx/mexico-pierde-playas-por-desarrollo-inmobiliario/

Disponible en: https://cartocritica.org.mx/2022/el-avance-del-cemento-en-la-selva-maya/

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