
Criaturas luminosas, la nueva película de Netflix dirigida por Olivia Newman, tiene una premisa que a primera vista parece absurda. Un pulpo sabio (con la voz de Alfred Molina) se convierte en el narrador de la vida de Tova (Sally Field), una vida desolada. Pero a pesar de lo disparatado de ese punto de vista, lo cierto es que la cinta es una delicia por su sensibilidad y sentido del humor. También, por su capacidad de profundizar en temas duros como la angustia, el duelo y la pérdida desde un refrescante punto de vista.
Adaptación de la novela de Shelby Van Pelt publicada en 2022, la cinta evita además ser fácil de clasificar. Ni es un drama ni tampoco es un relato experimental. Tampoco es completamente fantasía. De hecho, toda la trama parece mezclar todas estas ideas en un territorio apacible. Por lo que la premisa exige un salto de fe inmediato: aceptar que Marcellus, un pulpo de acuario con opiniones filosóficas, va a guiarnos por una historia de pérdida y redención costera. El giro (que podría ser ridículo solo por inexplicable) resulta conmovedor y amable.
Pero además, lleva a Criaturas luminosas por lugares por completo inesperados. De reflexionar sobre qué hace la pérdida y el luto en la vida de cualquiera, a indagar en la capacidad de la empatía de un animal solo a través de su voz. Lo cierto es que la película sorprende por ser impredecible, pero además, emotiva y narrada de tal forma que jamás deja de ser interesante. Un mérito que la transforma en una experiencia poco corriente.
Una gran actriz en un papel poco común

Para eso, la trama sigue a Tova (Sally Field). Una mujer mayor, viuda, que lleva a cuestas un trauma a gran escala con el que debe lidiar en su vejez y al que apenas puede sobrevivir. Su esposo y su hijo murieron ahogados hace tres décadas en un lago cercano. El pueblo lleva años asumiendo que fue un suicidio. Ella sigue sin saber exactamente qué pensar o qué creer. Y es esa ambigüedad la que se convierte en una pesada carga con la que debe lidiar. Además, una herida emocional que la aplasta con lentitud.
Claro está, el personaje está construido sobre clichés bien conocidos: la mujer mayor que necesita ser rescatada de su propio aislamiento. La película lo sabe, pero lo usa sin abusar de la forma en que le permite explorar el dolor y el sufrimiento de su personaje. Pero Field los subvierte desde adentro. Tova no parece una víctima del guion; parece una persona. Esa diferencia, que en papel parece pequeña, en pantalla lo cambia todo. Lo más interesante es que la cinta reflexiona sobre qué puede hacer a cualquiera el dolor, pero sin exagerar.
Por lo que, cuando Marcellus comienza a narrar la rutina de Tova (encargada de limpiar el acuario donde se encuentra), no se trata de un relato lastimero. Al contrario, es más bien una mirada a las pequeñas tragedias que cada persona lleva a cuestas sin que nadie más lo sepa. A pesar de su punto de vista extravagante, Criaturas luminosas tiene la capacidad de resultar sorprendentemente cercana y amable. También, sincera al detallar que el sufrimiento de todos los días es tan digno de contarse como el melodrama más exagerado y directo.
Lewis Pullman, de Marvel, en una sorprendente actuación

Pero además, Criaturas luminosas sabe encontrar el equilibrio entre una historia de renacimiento y una más elaborada. Todo a través de Cameron (Lewis Pullman, Sentry del Universo Cinematográfico de Marvel), un músico nómada que llega al pueblo con una misión. La de encontrar al padre que nunca conoció. Vive en la caravana que dejó su madre, una mujer que murió de sobredosis. Es, además, un artista desempleado, que necesita encontrar su lugar en el mundo. Que es el mismo proceso que sufre Tova, solo que a nivel más físico y visible.
Por supuesto, Cameron necesita a Tova tanto como ella lo necesita a él. Por lo que la película, siempre en la voz de Marcellus, recorre el complicado camino de sanar heridas emocionales antiguas. El recurso de un pulpo sabio puede resultar, sin duda, sorprendente y, cuando no, excesivo, pero en realidad Criaturas luminosas es algo más que una excentricidad. Es una manera empática, sincera y poco convencional de plantear preguntas sobre el trauma, el sufrimiento y la esperanza.
De hecho, la película tiene mucho de una gran historia compartida. El trío de amigas de Tova (interpretadas por Kathy Baker, Joan Chen y Beth Grant) merecería su propia película. Las tres son actrices con décadas de oficio que brindan a sus respectivos personajes una ternura simpática que sorprende. Cada una trae una energía distinta al grupo, y juntas forman una dinámica que resulta completamente creíble. Si Field no estuviera en el centro de la historia, cualquiera de ellas podría haberlo estado.
Al final, Criaturas luminosas es mucho más una reflexión sobre el mundo, el tiempo y la capacidad para sanar que la fantasía excéntrica que sugiere. Pero es quizás esa combinación entre melodrama y algo más raro lo que hace que sea la película perfecta para profundizar en temas complicados desde una perspectiva amable. Su mejor lado y, sin duda, la lección más adorable que deja a su paso.
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