El 28 de octubre de 2023, Matthew Perry, famoso por interpretar a Chandler Bing en la serie Friends, apareció muerto en su jacuzzi. La causa de la muerte fue por ahogamiento. Sin embargo, más tarde se descubrió que había recibido una dosis exagerada de ketamina. Ahora, dos de sus médicos, así como su asistente personal y una conocida dealer estadounidense, se sientan en el banquillo por haber creado una red clandestina para enriquecerse a costa de la adicción del actor. Dos de esas personas se han reconocida culpables: su asistente personal, Kenneth Iwamasa, y su médico, Mark Chávez.
Los otros dos son el doctor Salvador Plasencia y la traficante Jasveen Sangha, conocida como la reina de la ketamina. Matthew Perry había atravesado a lo largo de su vida varios problemas de salud mental. Además, había sufrido adicción a diferentes drogas en todo ese tiempo. En la actualidad seguía sufriendo depresión y una gran adicción a la ketamina.
No se sabe aún cómo pudo organizarse esta red. Por lo visto, Shanga suministraba la droga, Chavez y Plasencia la recetaban e Iwamasa la administraba. Eso fue lo que pasó aquel último día de la vida de Matthew Perry. El actor acababa de terminar de hacer deporte y decidió relajarse en el jacuzzi, pero antes le rogó a su asistente que le suministrase una gran dosis. Era la tercera del día y finalmente le costó la vida.
¿Por qué es tan peligrosa la ketamina?
Con la ketamina ocurre como con otras muchas drogas. En un entorno médico controlado puede ser muy beneficiosa, pero con fines recreativos es capaz de causar la muerte.
Se desarrolló por primera vez para sustituir a la fenciclidina. Este anestésico, desarrollado en 1956, tenía una gran utilidad médica, pero también provocaba delirios durante un tiempo muy prolongado. Poco a poco se fue abandonando su uso por este motivo y muchos científicos se pusieron manos a la obra en busca de un análogo sin ese efecto secundario. Así fue como surgió la ketamina en 1960. También era un gran anestésico y producía delirios, pero durante un tiempo más corto.


No tardó en usarse como anestésico de preferencia en hospitales de todo el mundo, aunque sobre todo se hizo de una gran fama en medicina militar. Por aquel entonces la guerra de Vietnam estaba en una de sus etapas más crudas, por lo que los soldados heridos en batalla se vieron beneficiados por la entrada en escena de la ketamina.
Todo esto está muy bien. El problema es que pronto esos mismos soldados, atormentados por la guerra, vieron que también les ayudaba a evadirse de lo que ocurría a su alrededor. Esta sustancia distorsiona la percepción visual y sonora y desconecta a los consumidores de la realidad. A dosis muy elevadas, esa distorsión es cada vez mayor. Puede ser aterradora, pero a la vez crea una falsa sensación de satisfacción que puede generar adicción. Muchos adictos empiezan a tomarla por problemas de salud mental previos. Es precisamente el caso de Matthew Perry, quien, en cierto modo, la tomaba para no pensar. Pero, por desgracia, la ketamina también puede causar fallos respiratorios y cardíacos. Estos pueden ser mortales directamente, pero aún más dentro de un jacuzzi en el que un desvanecimiento puede causar la muerte por ahogamiento.
El caso de Matthew Perry
Hoy en día la ketamina sigue utilizándose como anestésico, sobre todo en medicina veterinaria, aunque también en humanos. Además, se le han ido descubriendo otros usos más allá de la anestesia. Por ejemplo, en 2019 la Administración de Drogas y Alimentos de Estados Unidos (FDA) aprobó el uso de un spray de ketamina para tratar la depresión. Lógicamente, debía usarse bajo la supervisión de un especialista y a dosis muy controladas. Pero funcionaba. Otros países se resisten a su uso con este fin, aunque muchos científicos lo apoyan siempre que sea con un minucioso seguimiento.
Matthew Perry contaba con el apoyo de dos médicos para tomar la ketamina: Mark Chávez, quien se ha declarado culpable de su muerte, y Salvador Plasencia, quien sostiene no tener culpa de nada.


Ambos le recetaban la ketamina para lidiar con su estado de ánimo. Sin embargo, parece ser que estaban asociados con el asistente y la traficante para aprovecharse de su adicción. Cuanta más ketamina consumiese Matthew Perry, más dinero ganarían ellos. Se aprovecharon de alguien que necesitaba ayuda, no drogas. Ganaron dinero a su costa, pero le causaron la muerte. Ahora están siendo juzgados por ello y podrían enfrentarse a 10 años de prisión. Se espera que la sentencia salga en abril. Quizás entonces se haga justicia, aunque ya nadie nos devolverá a nuestro querido Chandler Bing.