Un hombre ha muerto por un accidente con una máquina de resonancia magnética en Nueva York y la noticia ha dado la vuelta al mundo. Ha sido un suceso muy triste, que también saca a relucir una clara falta de prevención de riesgos. Y es que el hombre no ha muerto por la resonancia magnética en sí. De hecho, ni siquiera era él quien se estaba sometiendo a ello. Accedió a la sala en la que se encontraba la máquina para ayudar a su mujer a levantarse y, mientras tanto, llevaba colgada al cuello una cadena de entrenamiento de pesas de 9 kilos de masa. Una cadena metálica, por supuesto.
Las máquinas de resonancia magnética utilizan imanes muy poderosos para llevar a cabo su función. Pueden atraer los metales con una fuerza devastadora. Por eso es muy importante que cualquiera que se acerque a ellas mientras estén funcionando esté libre de cualquier metal.
En este caso, el hombre que ha muerto por la resonancia magnética no fue avisado para que se retirase la cadena y, además, no se detuvo el funcionamiento de la máquina. Lógicamente, el centro médico implicado tendrá que comenzar una investigación. La parte positiva es que esto es algo extremadamente raro, que no suele pasar. La negativa, por supuesto, que no debería haber ocurrido ni una sola vez,
¿Cómo funciona una máquina de resonancia magnética?
Las máquinas de resonancia magnética emplean imanes muy poderosos que producen un potente campo magnético, con el que tienden a alinearse los protones del cuerpo del paciente.
Cuando se pulsa una corriente de radiofrecuencia a través del paciente, los protones se estimulan y luchan contra la fuerza del campo magnético. En cambio, cuando el campo de radiofrecuencia se apaga, los protones se realinean con el campo magnético. La máquina de resonancia magnética cuenta con unos sensores capaces de detectar la energía liberada mientras se produce dicha realineación. El tiempo que tarda esto en ocurrir, así como la cantidad de energía liberada, cambian dependiendo del entorno y la naturaleza química de las moléculas. Por lo tanto, se pueden detectar en los tejidos cambios que ayuden a llevar a cabo multitud de diagnósticos.
¿Cuáles son los riesgos?
En general, la realización de una resonancia magnética es un procedimiento seguro. A veces pueden producirse reacciones alérgicas a las sustancias que se usan como contraste, pero, más allá de eso, el único riesgo se produce si no se toman precauciones con los metales.
Los pacientes no deben llevar accesorios metálicos, ni prendas con piezas de estos materiales, como cremalleras o corchetes. Esto, en principio, se aplica a la zona del cuerpo en la que se va a realizar la resonancia magnética, aunque a veces, por precaución, se puede solicitar al paciente que se retire prendas más alejadas que también podrían ser conflictivas. Además, se deben evitar maquillajes y otros cosméticos que pudieran contener moléculas ferromagnéticas, capaces de ser atraídas por los imanes.


Por supuesto, se debe tener cuidado con los implantes. Una resonancia magnética puede mover un implante o calentarlo demasiado, causando lesiones más o menos graves. También puede hacer fallar dispositivos tan vitales como un marcapasos. A veces es necesario cancelar el procedimiento y buscar otras alternativas si se descubre que el paciente lleva cualquiera de estos implantes.
Por otro lado, se debe evitar que en la propia sala de la resonancia magnética haya grandes objetos metálicos, como los tanques de oxígeno, que puedan ser atraídos por los imanes. De hecho, este hombre de Nueva York no ha sido la primera persona que ha muerto por una resonancia magnética. Hay más casos y algunos se han producido justamente por la presencia de estos grandes objetos metálicos en la sala. Por ejemplo, en 2001 un niño de 6 años murió cuando un tanque de oxígeno voló hacia la máquina en la que se le estaba realizando una resonancia magnética.
¿Por qué este hombre ha muerto por la resonancia magnética?
En realidad, en este caso la paciente era la esposa del hombre que ha muerto por la resonancia magnética. Se estaba realizando una prueba en la rodilla y, cuando terminó, le pidió a la técnica que llamase a su marido para que le ayudase a bajarse de la mesa. Esta lo hizo.
El hombre, de 61 años, no debería haberse acercado a la máquina con una cadena de metal, pero, si lo hacía, la máquina tampoco debería haber estado encendida. Sobre todo teniendo en cuenta que él se iba a acercar justamente al punto en el que esta había estado incidiendo, para sacar a su mujer.


Por esa razón, los imanes le absorbieron con tanta fuerza que las lesiones no fueron compatibles con su vida. Falleció prácticamente en el acto.
Esto no debería ocurrir y, como ya hemos dicho, debería darse inicio a una investigación. Es importante que se tomen medidas para que no vuelva a ocurrir algo así.