En 1989, unos cazadores furtivos acabaron con la vida de una osa en las montañas de Asturias. Lamentablemente, no era algo inusual. La caza es uno de los motivos por los que el oso pardo se encuentra en el catálogo español de especies amenazadas como animal en peligro de extinción. Lo que fue aún más terrible en este caso es que aquellos cazadores dejaron sin madre a dos osas de solo 5 meses. Una de ellas se llamaba Tola y murió en 2018. La otra, la osa Paca, acaba de fallecer en un cercado protegido de Asturias. Es una noticia triste, pero, al menos, nos queda la ilusión de saber que pudo vivir muchos años gracias a los esfuerzos de conservación que se han hecho desde el momento en que ella y su hermana fueron rescatadas.

La muerte ha tenido lugar por eutanasia, después de que los veterinarios que se encargaban de sus cuidados refirieran un deterioro grave en el animal. Experimentaba una disminución severa de la reacción a estímulos y sus capacidades físicas estaban ya muy mermadas. Además, se negaba a tomar la medicación. Se ha llegado al consenso de que la eutanasia era la mejor medida para evitar su sufrimiento.

La osa Paca no es la última osa asturiana. Según el último censo, en toda la cornisa Cantábrica hay 370 ejemplares. La mayoría de ellos están en libertad. Paca no pudo vivir totalmente libre porque ni ella ni su hermana lograron adaptarse a esa vida. Por eso pasaron a un cercado de 40.000 metros cuadrados de monte, con bebida, comida y dos oseras artificiales. Es lo más parecido a vivir en libertad para animales que no son capaces de hacerlo. En su caso, posiblemente porque perdió demasiado pronto a la madre que debió enseñarle. Para casos como este, los esfuerzos conservacionistas realizados en Asturias han sido muy importantes. La osa Paca es un claro ejemplo de ello.

La segunda vida de la osa Paca

Probablemente, si la osa Paca y su hermana hubiesen seguido en libertad tras perder a su madre hubiesen caído presas de algún depredador. O quizás habrían tenido problemas para alimentarse. Ese es el motivo por el que, al encontrarlas, los científicos y voluntarios de la Fundación Oso de Asturias se hicieron cargo de ellas. 

Primero pasaron un tiempo en acogida en Cataluña. Aún no había unas instalaciones adecuadas para que volviesen a vivir a Asturias. Después, pasaron 5 años en el Parque Cinegético Nacional de El Hosquillo, en Cuenca. Pasado ese tiempo, el gobierno asturiano ya había habilitado el cercado de la Casa del Oso de Proaza, por lo que esa se convirtió definitivamente en su casa.

Los cercados asturianos se utilizan para acoger a osos que, por algún motivo, no se adaptan a vivir en libertad. Otra osa mucho más joven que también vive en uno de esos cercados es la osa Molina. Nació en 2013 y fue hallada herida pocos meses después. Tras curar sus lesiones se intentó devolverla a las montañas, pero no fue posible. Por eso, se convirtió en otra huésped de los cercados.

Puedes visitar a los osos que quedan

En los cercados asturianos, ubicados en la que se conoce como la Senda del Oso, viven aún muchos de estos mamíferos, que pueden ser visitados por cualquiera. Aunque puede que nos demos el viaje y no lleguemos a verlos. Antiguamente tenían una hora concreta para comer, por lo que los visitantes podían acercarse a las inmediaciones del cercado en ese momento. Eso les garantizaría ver a animales como la osa Paca. Sin embargo, desde hace años tienen la comida disponible para comer cuando les plazca. Eso asemeja aún más la situación a la que tendrían en libertad. Es cierto que puede resultar fastidioso para los visitantes, pero tampoco sabemos si nos vamos a encontrar un oso al salir a los campos asturianos. Esto debe ser igual, aunque también bastante más seguro, ya que, como es lógico, los visitantes no pueden cruzar el cercado.

Se debe dejar a estos animales vivir tranquilos. Tanto como ha vivido la osa Paca durante los 36 años que ha durado su vida. 

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