Con el verano llegan los paseos por la playa, los picnics, las terracitas y, por supuesto, las piscinas. Estas últimas constituyen una de las formas más comunes de divertirnos y refrescarnos en periodo estival. No importa si son piscinas públicas o privadas, a todos nos encantan. Y a los niños también, por supuesto. Por desgracia, el verano también es la época en la que aumentan los casos de ahogamientos, precisamente por lo habitual que es pasar el tiempo en las piscinas.

Según la Asociación Española de Pediatría, un 13% de las muertes en niños de 0 a 14 años se dan por ahogamientos. Es especialmente peligroso el caso de los bebés, a los que les basta con solo 2 centímetros de agua y 2 minutos para perder la vida de esta forma. Por eso, los adultos deben estar muy atentos cuando haya agua cerca y, por supuesto, proporcionarles todas las medidas de seguridad posibles.

Esto incluye chalecos, flotadores, manguitos y un sinfín de elementos de flotación. Cada cual tiene sus preferencias, pero lo cierto es que no todos son igual de seguros. De hecho, muchos de ellos dan una falsa sensación de seguridad que puede llegar a ser muy contraproducente. Entonces, ¿cuál es la mejor opción para evitar ahogamientos, según la ciencia?

Para evitar ahogamientos, enséñales a nadar

Asociaciones de pediatría de todo el mundo recomiendan enseñar a los niños a nadar cuanto antes, a ser posible antes de los 4 años. Esta es la mejor forma de evitar ahogamientos.

Además, generalmente se recomienda que aprendan a nadar sin dispositivos de flotación. Lo comprobó en 2021 un equipo de científicos de Nueva Zelanda y Portugal, tras analizar una serie de estudios en los que se compara el aprendizaje en natación de niños con flotadores o sin ellos. En algunos casos no se vieron diferencias y en otros se vio que los dispositivos de flotación interfieren con el aprendizaje. 

También hace referencia a este tema la doctora Mona Amin en un artículo de su blog sobre pediatría. En él, señala que ciertos dispositivos, como los flotadores o los manguitos, mantienen a los niños en una posición erguida. Puesto que para nadar deben ser capaces de flotar en horizontal, en el momento en el que dejan de usar la protección su memoria muscular les dificulta mantener la postura correcta. Esto hace más complicado el aprendizaje y, como consecuencia, aumenta la posibilidad de ahogamientos.

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Cuanto antes se enseñe a nadar a los niños, más ahogamientos se evitan. Crédito: Philippe Murray (Unsplash)

El problema de los flotadores

Más allá de las tablas y troncos, los flotadores son, posiblemente, el método de flotación más antiguo que existe. Hay ilustraciones de 3.000 años de antigüedad en las que se ve a personas usando tripas de animales hinchadas para flotar en el agua.

Prácticamente todos hemos tenido un flotador cuando éramos pequeños. Sin embargo, no son para nada la mejor opción para evitar ahogamientos. En primer lugar, por lo que ya hemos visto. Dificultan el aprendizaje a la hora de nadar. Pero también porque es fácil que se pinchen o desinflen, dejando al niño totalmente vulnerable. Además, si se vuelca, es muy complicado que pueda volver a recuperar la postura.

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Los manguitos y flotadores dan una falsa sensación de seguridad. Crédito: Leo Rivas (Unsplash)

Los manguitos no son mucho mejores para evitar ahogamientos

En el caso de los manguitos, los problemas son similares a los del flotador. También pueden pincharse o desinflarse. Además, es bastante fácil que se salgan, sobre todo después de usar la protección solar. Algunos cuentan con correas que se sujetan al cuerpo. Esa es una opción mejor, pero aun así sigue sin ser la idónea.

Del mismo modo que con el flotador, dan una falsa sensación de seguridad que puede aumentar el riesgo de ahogamientos.

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