Unos científicos realizaron un estudio sobre la relación entre la política y el cerebro sin demasiadas expectativas y los resultados les sorprendieron. Resulta que sí existe esa relación.

En ciencia, para que un estudio se considere válido debe ser reproducible. Es decir, que un equipo independiente de científicos pueda repetir el procedimiento y llegar a los mismos resultados. En 2011 se llevó a cabo en Reino Unido un estudio que concluyó que existen diferencias identificables en los cerebros de las personas conservadoras o progresistas. Los resultados llamaron mucho la atención de la opinión pública, pero entre los científicos generó muchas dudas, ya que se había realizado con muy pocos participantes. Apenas contaron con 90 estudiantes.

Por eso, un nuevo equipo de investigadores, esta vez de la Universidad de Ámsterdam, ha repetido el estudio con una cantidad mayor de participantes: concretamente 10 veces más. No se trata de una réplica exacta, al tener 928 participantes, pero el procedimiento era muy parecido. Los autores de la investigación no esperaban seguir encontrando esa relación entre política y cerebro; pero, curiosamente, volvieron a darse de bruces con ella.

¿Está la política en el cerebro?

Lógicamente, nuestra ideología política está condicionada por muchísimos factores sociales y ambientales, como nuestra educación o el lugar en el que vivimos. Sin embargo, desde la publicación del estudio de 2011 se ha hablado mucho sobre un condicionamiento aún más sólido. El que posiciona la política en el cerebro.

Los autores de aquel estudio encontraron diferencias en dos regiones cerebrales. Por un lado, la amígdala, encargada principalmente del procesamiento emocional. Y, por otro, la corteza cingulada anterior, relacionada también con las emociones y, además, con las respuestas automáticas.

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Las distintas ideologías pueden verse claramente en el cerebro. Crédito: Debate en TVE

Para comprobar si es cierto, este nuevo equipo de científicos pidió a sus voluntarios que contestaran una encuesta sobre su ideología política, en la que se incluían preguntas de índole económica y social.  Esa era la primera prueba, mientras que la segunda fue un escáner cerebral. Finalizadas las dos partes del experimento, compararon los resultados de la encuesta con las imágenes de sus cerebros y, si bien no encontraron una relación sólida con la corteza cingulada anterior, sí que la vieron con la amígdala.

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