
La quinta y última temporada de The Boys tenía un problema de origen. El de lograr dar un cierre digno, interesante y completo a su variado y cada vez más extenso grupo de personajes. Pero además, resolver su propio enigma. ¿Cómo matar o al menos detener a Homelander (Antony Starr), después de hacerle el superhéroe más poderoso? No solo eso, sino un dictador virtualmente indestructible y, además, al borde de la locura. Un giro de los acontecimientos que llevó a The Boys a cuestionar su propia premisa e incluso ignorar sus propias reglas para su final.
Pero además de sus conflictos de guion, The Boys debió enfrentar el serio desgaste de su historia. Eso, al perder el tono de impacto de años anteriores para enfocarse en construir un universo que podría rivalizar con el mundo ficticio de Vought International. Por extraño que parezca, la serie, que comenzó burlándose de las franquicias de superhéroes, terminó por construir su propia saga. Que incluye una variedad de spin-off en producción, además de varias versiones del mundo central en distintos países. Algo que impactó en la última entrega, que pareció más interesada en ampliar la mitología central, en lugar de explorar en su historia con más profundidad.
Pero finalmente, The Boys pudo concluir su relato de manera más o menos satisfactoria con un final de impacto que seguramente hará correr ríos de tinta. A su paso, deja un legado amplio, complicado y extraño que, aunque estuvo llamado a cambiar el género de superhéroes, terminó quedándose corto. Uno, además, que demostró los problemas que supuso la adaptación del denso cómic original de Garth Ennis. Con todo, The Boys deja varias lecciones a su paso que te resumimos a continuación en este análisis de lo bueno, lo malo y lo feo del final de la serie.
Lo bueno en la última temporada de ‘The Boys’
Logró completar todos sus arcos de manera más o menos coherente

La quinta y última temporada de The Boys se concentró en cerrar todos sus arcos argumentales y lo logró de manera satisfactoria. En especial, porque el argumento profundizó en las filas de la resistencia y en la forma de frenar el ascenso autoritario de los superhéroes en la ciudad. Eso, sin perder su retorcido sentido del humor. Por lo que la combinación entre la sátira corporativa con la inminencia de un final trágico brindó una atmósfera para los protagonistas.
Más interesante todavía, la serie logró analizar de manera novedosa el ya conocido conflicto entre El Carnicero (Karl Urban) y Homelander. Por lo que varios de los puntos altos de la temporada se basan en los enfrentamientos de ambos. Con todo, el guion supo establecer que destruir a la amenaza encarnada por Homelander era algo más que un objetivo. Era, además, el fin de una larga batalla por la libertad y el futuro, que The Boys planteó como meta principal para sus personajes.
Buenas actuaciones en general

La última temporada de The Boys logró que toda la atención de su guion se centrara en la batalla contra la supremacía encarnada por Vought International. Pero en realidad, se trató de una lucha entre dos enemigos irreconciliables. Homelander y El Carnicero terminaron por representar no solo intereses opuestos, sino visiones del poder radicalmente antagónicas. Algo que permitió que el trabajo actoral de Karl Urban y Antony Starr se convirtiera en primordial para sostener la historia.
Otro punto alto de la serie fue la desgarradora dualidad moral de Ryan, encarnado por Cameron Crovetti. El personaje, atrapado entre el legado genético de su padre y el deseo de hacer lo correcto, se volvió para entender a The Boys. Y el joven actor logró brindar el suficiente carácter a la trágica figura como para resultar una de las grandes sorpresas de la temporada.
Sin riesgos pero con solidez para el final de ‘The Boys’

Visual y técnicamente, la última temporada de The Boys dedicó atención a los aspectos más ambiciosos de su premisa. Por lo que la dirección de las secuencias de combate destacó por su buen uso de la combinación de efectos prácticos y digitales.
De hecho, uno de los puntos más altos del último capítulo fue la brutal confrontación final entre El Carnicero y Homelander. Una escena que, aunque largamente esperada y predicha a lo largo de las temporadas, sorprendió por su crueldad y su retorcida conclusión.
Lo malo en la última temporada de ‘The Boys’
Más clichés de la cuenta

Pero a pesar de todos los intentos del argumento por agregar capas y matices a su conclusión, lo cierto es que el final de The Boys careció de impacto. El guion se enredó en subtramas corporativas repetitivas dentro de Vought International. Lo que estancó la urgencia que requería el clímax de la serie. La historia pareció dar vueltas en círculos con dilemas morales que los personajes ya habían superado en años anteriores. Algo que restó impacto al peligro inminente de Homelander.
Además, el abuso de las conveniencias en el libreto permitió que figuras clave de la resistencia sobrevivieran a situaciones teóricamente letales de forma inverosímil. Lo que diluyó la tensión general y generó una molesta sensación de impunidad que restó realismo al tramo inicial de este cierre definitivo.
Malas decisiones para una obra incompleta

La trama de The Boys dejó mucho que desear en el manejo y la resolución de varios arcos de personajes secundarios. Pero aún peor, todo pareció convertirse en una especie de combinación absurda de situaciones sin sentido. Algo más que especialmente notorio en el apresurado desenlace del trágico romance entre Frenchie (Tomer Capone) y Kimiko (Karen Fukuhara). La repentina muerte de Frenchie se usó como un recurso fácil de impacto rápido que interrumpió abruptamente años de desarrollo conjunto.
Además, dejó su historia de amor inconclusa y forzó a Kimiko a un estado de furia destructiva que ignoró su crecimiento emocional previo. De igual forma, el retorno de Soldier Boy (Jensen Ackles) fue tan inútil como para no tener mayor peso en la trama. Un giro decepcionante que demostró que la temporada estaba más enfocada en los futuros spin-off que en su propia trama.
Ignorando el final original

Finalmente, el polémico desenlace de la confrontación entre Billy Butcher y Homelander se aleja drásticamente del material original de Garth Ennis. Al optar por una resolución alternativa en lugar de adaptar fielmente el icónico y oscuro giro final del cómic, la serie perdió parte de su impacto.
Mucho más, porque quedó demostrado que la serie se alejó del centro de su premisa para volverse más complaciente y menos subversiva que en sus comienzos.
Lo feo de la última temporada de ‘The Boys’
Insultos van e insultos vienen

La última temporada de The Boys estuvo llena de polémicas y la mayoría demostraron una considerable fractura entre la audiencia y la producción. Una de las más complicadas fue en torno al episodio 7, el cual se convirtió de inmediato en el peor calificado de toda la historia de la serie. Además de ser calificado por público y crítica como frustrante por su excesiva cantidad de relleno y la falta de confrontaciones físicas reales.
La indignación de los espectadores escaló a nivel de debate público cuando el actor Karl Urban respondió a las críticas con insultos. Por otra parte, el propio showrunner Eric Kripke también salió a defender el ritmo disparejo y lento de la serie. Lo que terminó con un enfrentamiento entre fanáticos y críticas directas a que su intención era más que concluir la serie, indagar en el futuro de spin-offs y otro contenido derivado.
Preguntas sin respuesta

A nivel narrativo, la quinta temporada de The Boys fue considerada perezosa. Puntos como el retorno de Soldier Boy se catalogaron en Forbes como un anuncio publicitario molesto e innecesario. Todo, diseñado únicamente para generar interés hacia la próxima serie precuela de la franquicia, Vought Rising.
Asimismo, se insistió en la desaparición y pérdida de importancia de personajes como Hughie (Jack Quaid) y Starlight (Erin Moriarty). Algo que terminó de afectar la personalidad de la serie y convirtió a sus últimos capítulos en solo un requisito a cumplir para concluir la historia.
El contexto también afecta

Para complicar todo aún más, The Boys pisó terrenos fangosos en el plano de la geopolítica y la cultura popular. Los guiones del tramo final incluyeron comentarios repletos de estereotipos negativos sobre Colombia enfocados en drogas y turismo sexual. Lo que provocó una oleada de denuncias y descontento en América Latina por la perpetuación de clichés ofensivos.
También hubo críticas enfocadas en la incapacidad de la serie para renovarse y usar el humor político. Por lo que varios de sus giros más comentados sobre autoritarismo y el abuso de poder parecieron desfasados e inofensivos. Lo más desconcertante en una serie conocida precisamente por lo contrario.
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