Soy Frankelda, la cinta animada mexicana que acaba de llegar a Netflix; es un hito en la industria cinematográfica latinoamericana. Eso, debido a que es el primer largometraje de fantasía oscura musical stop-motion rodado en México. Esta magnífica producción de 2025 expande con maestría el universo gótico que conocimos originalmente en la miniserie antológica ⁠Los sustos ocultos de Frankelda. Pero además, hace algo más interesante: demuestra que el horror, el humor y un toque de terror pueden funcionar en un perfecto equilibrio. 

Escrita, dirigida y creada paso a paso por los talentosos hermanos Arturo y Roy Ambriz, a través de su estudio Cinema Fantasma, Soy Frankelda es un trabajo de pasión. Eso, debido a que la obra requirió más de veinte meses de extenuante rodaje físico en los sets de filmación de la Ciudad de México. Los realizadores contaron con la valiosa asesoría y mentoría del aclamado director ganador del Oscar, Guillermo del Toro. En especial, porque el cineasta de Frankenstein aportó su invaluable experiencia en el género para pulir el montaje cinematográfico final. Lo que aseguraba que la cinta mantuviera un ritmo impecable, una rica profundidad emocional y una atmósfera visualmente cautivadora para todo tipo de públicos.

Pero en especial, Soy Frankelda es un experimento afortunado. Eso, al combinar el stop-motion con una reflexión compleja acerca del deseo de crear y el espíritu del talento artesanal. Temas, además, que toca sin caer en sermones, melodrama y analizándolos desde una perspectiva fresca y humorística. Todo, sin perder el sentido de la oscuridad de toda obra gótica que se precie y que brinda a la producción un aire que va entre clásicos como La novia cadáver y la muy querida Coraline. Grandes referencias que la cinta homenajea de una manera u otra. 

Una travesía gótica entre la realidad y la ficción

Para eso, Soy Frankelda nos lleva directamente a los paisajes neblinosos e históricos de Real del Monte durante mediados del siglo XIX. Todo para conocer a Francisca Imelda, una inteligente y solitaria joven mexicana que posee una profunda vocación literaria. Pero cuyos ambiciosos sueños son constantemente aplastados por los prejuicios sociales y las severas restricciones de su época. Frustrada por la implacable realidad, su vida da un vuelco sobrenatural al transformarse en un espectro y viajar directamente al misterioso Reino de la Ficción. Este,, un mundo de su propia invención poblado por los fascinantes y aterradores monstruos góticos de sus relatos. 

En este plano etéreo, asume la identidad de Frankelda, la elocuente narradora fantasma de cuentos de terror. Sin embargo, la aparente libertad creativa se ve amenazada cuando el delicado balance entre la ficción y el plano de la existencia real comienza a fracturarse peligrosamente. Lo que la obliga a madurar rápidamente y a encarar los rincones más oscuros de su propia psique para evitar que la fantasía consuma todo. Con evidentes guiños al clásico ochentoso La historia sin fin (y al libro en que se basa), Soy Frakelda explora el sentido de la imaginación y los mundos que puede crear. 

También, en la capacidad de las historias en apariencia infantiles, para profundizar en temas como la identidad, la búsqueda del propósito y la fuerza de voluntad. Eso, cuando Frankelda, en un intento de hacer frente a las inminentes amenazas cósmicas de su entorno, haga una complicada alianza. Todo, al buscar el apoyo de Herneval, el melancólico Príncipe de los Espeluznantes. Este peculiar y noble personaje con rasgos de búho se convierte entonces en un leal compañero de viaje. Además, guiándola a través de las intrincadas y surrealistas geografías del subconsciente. Lo que le agrega un aire surrealista y singular a la cinta.

Enemigos tenebrosos contra los cuales luchar

Pero toda buena historia lo es tanto como la maldad de su villano. Por lo que Soy Frakelda, brinda un lugar especial a Procusto, el antiguo y despiadado monarca de los sueños y las pesadillas. Consumido por un amargo ataque de celos profesionales tras haber sido desplazado por el talento literario de la protagonista, Procusto busca venganza. Y para eso, despliega sus vastos poderes mágicos para someter a la pareja y atraparlos en elaboradas prisiones psicológicas. 

Por lo que la premisa de la cinta no se resuelve con batallas físicas convencionales. En lugar de eso, Soy Frakelda recurre al humor, los juegos de palabras y también a la metáfora del inmenso poder transformador que posee la imaginación humana frente al miedo primario. Todo para narrar la clásica batalla entre el bien y el mal desde un ángulo por completo nuevo y conmovedor. Por lo que la obra de los hermanos Ambriz trasciende el mero entretenimiento de horror infantil. Lo que le permite ahondar en una bellísima y conmovedora oda al proceso de la creación artística. 

En especial, porque la figura gótica de Frankelda no es una heroína impecable o luminosa. Por el contrario, al talento femenino silenciado e invisibilizado por los engranajes de la historia. Su voz indómita, cansada pero profundamente apasionada, rinde un tributo a todas las escritoras que históricamente se vieron forzadas a esconderse. A través de las elaboradas metáforas de los monstruos, Soy Frakelda aborda temas universales como el miedo al rechazo, la resiliencia ante el fracaso y el arte concebido como un salvavidas emocional. Escribir, para los creadores de esta obra, es un acto absoluto de amor, autodescubrimiento y rebeldía frente al olvido. Algo en lo que esta obra mexicana, que ya puedes ver en Netflix, destaca de manera brillante. 

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