Pasajero, que ya se encuentra en Movistar+, se estrenó hace pocos meses y causó sensación (y también controversia) ahí en donde se estrenó. En particular, porque esta película protagonizada por Alexander Skarsgård desafía las expectativas y convierte una aparente historia de amor en algo más. Por lo que este drama erótico con tintes de comedia negra explora varios temas complicados desde una óptica desenfadada. De la sumisión, el deseo y la búsqueda de identidad a la cultura motera y la comunidad BDSM gay. Se trata de una forma subversiva de concebir el amor, el deseo y la búsqueda del propósito. 

Dirigida y escrita por Harry Lighton, la cinta es una adaptación libre de Box Hill, la novela corta del autor Adam Mars-Jones. Una obra de culto instantánea que en 2021 causó sensación desde su publicación. Y de hecho, la premisa es la misma: una pareja de hombres gay que intenta comprender los límites del control, el sexo y la violencia. Pero, a pesar de lo que pueda parecer, la película está muy lejos de ser solo provocadora por lo explícito que pueda mostrar. En lugar de eso, es una rarísima reflexión de un romance moderno. 

A la vez, una búsqueda sincera sobre la identidad y hasta una historia de crecimiento, todo como una exploración sobre la naturaleza del miedo y las emociones. Por lo que Pasajero es una mirada empática y sin prejuicios hacia las relaciones complejas. A la vez, el hecho de que, en nuestra época, el amor es mucho más que solo compañía y romance. Paso a paso, la cinta, que va de una mirada humorística sobre la orientación sexual y la identidad de género a algo más complicado. En especial, porque la trama está más interesada en reflexionar sobre el amor como fuente de todas las preguntas existenciales. A la vez, de todas las grandes preocupaciones de la época. Eso, sin caer en lo cursi y lo superficial. 

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Una historia poco común sobre el deseo y el amor

Para eso, la trama sigue los pasos de Colin (Harry Melling). Este, un introvertido y solitario joven atrapado en una vida suburbana monótona y asfixiante junto a sus padres. Su gris existencia da un vuelco radical cuando conoce de forma fortuita a Ray (Alexander Skarsgård), el enigmático líder de un club de motociclistas locales. Atraído de inmediato por el magnético aura de Ray, Colin acepta ocupar el asiento trasero de su motocicleta. Pero más allá de la insinuación sobre el asiento del pasajero que da título a la cinta, se trata de una dinámica de poder. 

Porque en realidad, se trata de integrarse en su comunidad bajo una estricta y explícita dinámica de dominación y sumisión (Dom/Sub). A partir de ese momento, Colin inicia un viaje psicológico y físico que mezcla el dolor, el placer y las cadenas. Una combinación que pronto deja de ser solo una excentricidad o un juego de rol sexual, para volverse herramientas inesperadas para su propio autodescubrimiento. Mucho más, una forma de comprender el amor, el sentido de la identidad y hasta lo depravado que se aleja de lo convencional.

‘Pasajero’, mucho más que el escándalo a su alrededor 

Uno de los puntos más altos de Pasajero es su desenfado al profundizar en sus complicados temas. A diferencia de los thrillers eróticos convencionales que asocian el sadomasoquismo con el peligro o la patología, Pasajero va a un lugar distinto. Eso, al enfocar la relación desde la vulnerabilidad emocional y el consentimiento. Conforme Colin se adentra más en este submundo de cuero y arneses, la película se transforma en un sofisticado estudio de personajes sobre los límites personales. También, el amor propio. 

Las dinámicas de poder entre el imponente motero y el tímido protagonista no solo se manifiestan en la privacidad de sus encuentros sexuales explícitos. A la vez, en la vida cotidiana de Colin, obligándolo a cuestionar si la sumisión es una auténtica liberación frente a sus miedos. O, al contrario, una nueva forma de perder el control sobre su propio destino. Una reflexión que, paso a paso, se hace más complicada a medida que Colin debe enfrentar sus propios prejuicios, miedos y, al final, sus preguntas sobre lo erótico. Todos temas que Pasajero analiza con cuidado, elegancia y un retorcido sentido del humor. 

Se trata, claro, de una osadía. Pasajero podría limitarse solo a explorar en dinámicas sexuales a través de la pornografía o escenas eróticas. Pero en lugar de eso, la trama toma la interesante decisión de ser mucho más elaborada, sincera y hasta divertida. Desde el primer encuentro sexual entre Colin y Ray, la noción sobre lo que es permitido y lo que no lo está se hace más difusa. Por lo que la cinta pone a prueba la idea de qué consideramos normal y también cómo eso se contrapone a las verdaderas necesidades de cualquiera. 

Un romance contemporáneo que deja huella

Por lo que uno de los puntos más importantes de la producción es la asombrosa química de su dupla protagonista. Harry Melling (Dudley Dursley en la saga de Harry Potter) dota a Colin de una timidez desgarradora. A la vez de fragilidad y una profunda expresividad en su búsqueda de afecto. Por su parte, Alexander Skarsgård no solo ejerce como productor ejecutivo de la cinta, sino que se desprende de su imagen tradicional de galán. Todo, para encarnar a un dominante carismático, rudo pero psicológicamente inteligente. 

El reparto secundario se complementa con veteranos de la escena británica como Douglas Hodge y Lesley Sharp como los padres de Colin. Además del debut actoral de Jake Shears, vocalista de la famosa banda musical Scissor Sisters, quien interpreta a un motero llamado Kevin. Desde el apartado visual, el director de fotografía Nick Morris muestra el sureste de Inglaterra y Bromley a través de colores. Por lo que crea una textura densa que realza el brillo de las carrocerías cromadas, la rigidez de las prendas de piel y el sudor de los cuerpos.

Al otro lado, la música original del compositor Oliver Coates envuelve las secuencias en una atmósfera envolvente y melancólica. Por lo que aleja a Pasajero del morbo superficial. Eso, para centrarse en el realismo psicológico de los personajes y el tierno romance que se gesta detrás de las mordazas. Toda una rareza en el cine contemporáneo que ya puedes disfrutar en Movistar+. 

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