Insaciable no es una película de terror sencilla de definir. Y no lo es, por tomar el body horror y transformarlo en una forma de criticar temas más mundanos, como la violencia estética y la discriminación. Pero también es un relato escalofriante que no se limita a su comentario social o solo a usar el miedo para apuntar traumas culturales. El segundo trabajo de la respetada directora y guionista Natalie Erika James es una mirada al tropo de los hungry ghosts que sorprende por su cualidad depravada. A la vez, por ser una propuesta impredecible y lo suficientemente terrorífica para sorprender a los amantes del género. 

Para eso, esta perturbadora historia sigue de cerca la trágica vida de Hana (Midori Francis), una joven estudiante de medicina sumergida en una severa crisis de dismorfia corporal. Desesperada por encajar a toda costa dentro de los destructivos e inalcanzables ideales estéticos contemporáneos, Hana toma una fatídica decisión. La de adentrarse en una peligrosa, misteriosa y macabra moda clandestina diseñada específicamente para perder peso de manera sumamente acelerada y drástica. Eso sin medir las nefastas consecuencias físicas que este método experimental provocará de forma inevitable.

Si estás pensando en la tendencia con el medicamento Ozempic, vas por buen camino. Solo que, como es de suponer, Insaciable tiene poca o ninguna relación con un medicamento en apariencia milagroso, sino con algo más retorcido. Lo que será más que evidente cuando Hana comience a consumir unas extrañas pastillas milagrosas conseguidas en el mercado negro. ¿El dato terrorífico? El ingrediente secreto y macabro resulta ser cenizas humanas reales provenientes de cadáveres que originalmente habían sido donados de forma altruista a la ciencia médica. Por lo que Hana pronto enfrentará algo más que bajar de peso. También una entidad furiosa y violenta que debe vencer.

La belleza, el miedo y lo tortuoso en ‘Insaciable’

Por lo que la cinta no solo cuenta acerca de la alarmante y sumamente rápida pérdida de peso en tiempo récord de Hana. A la vez, como le acecha un espíritu hambriento y hostil de la persona fallecida cuyas cenizas está ingiriendo diariamente. Para eso, la directora introduce un concepto visual sumamente original y aterrador. La entidad solo puede ser vista a través de los reflejos deformados en diversas superficies metálicas convexas tales como cucharas de cocina, teteras y ollas. De este modo, Insaciable transforma objetos cotidianos e inofensivos del hogar en portales de pura paranoia. Mucho más, hace que la presencia del ente se vuelva una constante amenaza psicológica que destruye sistemáticamente la cordura de Hana. 

Pero lo más interesante de Insaciable es la forma sumamente mordaz en que analiza la vuelta a la extrema delgadez de la cultura contemporánea. Un tema que la cinta explora a través de la idea de todos los límites que transgrede la obsesión con una estética poco saludable. Además de la mayoría de las veces, peligrosa, necesidad de utilizar cualquier medio para perder de peso. Utilizando los elementos más extremos del body horror, la cineasta explora con pulso firme el pozo sin fondo del autodesprecio y el narcisismo digital. También, las consecuencias físicas destructivas que la disformia y la anorexia pueden provocar.

La transformación física de Hana es, de hecho, una metáfora explícita sobre cómo los individuos están dispuestos a canibalizar su propia humanidad. A la vez, su salud e identidad con tal de recibir la efímera aprobación social de un entorno superficial. Natalie Erika James no limita su crítica a la vulnerabilidad de la protagonista, sino que extiende su mirada condenatoria hacia una industria estética voraz. Una adicción que lucra directamente con las inseguridades psicológicas de las personas. Por lo que convierte el dolor íntimo y la insatisfacción emocional en un producto de consumo de masas altamente rentable. Lo que perpetúa ciclos interminables de miseria emocional y autodestrucción física en las generaciones jóvenes actuales que consumen estos contenidos de internet hoy.

Terror desde un punto de vista novedoso en ‘Insaciable’

No obstante, Insaciable no se limita a ser un debate sobre la salud y la estética en tiempos modernos. En realidad, es también una brillante y audaz película de terror que analiza todo tipo de ideas mitológicas relacionadas con la muerte. A la vez, la degradación del cuerpo por medio de magia y otras ideas que la emparentan con cintas como la durísima La sustancia o La hermanastra fea. Lo cierto es que la cinta analiza la idea de la belleza, la codicia y la ambición, sin resultar sermoneadores o directamente debates éticos.

Antes que eso, la película logra reflexionar sobre la idea del miedo al rechazo como motor central de la larga búsqueda de Hana por aceptación. La dirección de fotografía a cargo de Charlie Sarroff emplea una paleta de colores hipersaturados y enfermizos que simulan texturas orgánicas en descomposición. Por lo que evita conscientemente cualquier intento de embellecer la extrema delgadez de la protagonista. 

Complementando esta propuesta visual, el diseño de sonido desarrollado por Robert Mackenzie junto a la partitura musical discordante de Hannah Peel crea una experiencia sensorial perturbadora. Los crujidos de huesos, las respiraciones agónicas y los sonidos viscerales de la masticación son amplificados grotescamente. Todo para generar una constante repulsión física en el espectador. Lo que convierte a Insaciable en una experiencia inquietante y sensorial, al nivel de las más altas exigencias del público amante del terror

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