El punto del cielo en el que se encontraban los astros cuando naciste no puede decir nada sobre ti, sentimos comunicártelo. No, ni siquiera si naciste en Mercurio retrógrado. Sin embargo, el frío que hacía cuando te concibieron sí que podría arrojarnos alguna información interesante. Por ejemplo, la forma en que tu cuerpo metaboliza las grasas y, como consecuencia, tu facilidad para adelgazar o engordar.

Es la conclusión de un estudio recién publicado en Nature Metabolism por un equipo de científicos japoneses. Según su investigación, las personas que fueron concebidas en los meses más fríos del año tienen una mayor probabilidad de desarrollar en la edad adulta una grasa marrón activa. La inactividad de este tejido adiposo suele relacionarse con la obesidad, mientras que las personas que lo tienen más activo suelen tener más facilidad para adelgazar.

Los motivos por los que ocurre esto no están claros. Es un estudio en el que no se dan datos sobre las causas. Por lo tanto, a falta de una posible causalidad, no se puede descartar que los resultados sean casualidad. Sin embargo, dichos resultados van en la línea de investigaciones anteriores, tanto con animales como en humanos. Además, aunque no haya una causalidad segura y demostrada, los científicos sí que tienen algunas hipótesis con bastante sentido. Está claro que hace falta seguir investigando, pero, al menos, esto parece muchísimo más probable que la astrología y el horóscopo.

Dos experimentos para llegar a una misma conclusión

Los autores de este estudio realizaron dos experimentos. En el primero participaron 365 hombres jóvenes. Tras preguntar su fecha de nacimiento y contabilizar 266 días hacia atrás para calcular la fecha aproximada de concepción, se les tomaron varias medidas. Sobre todo se analizaron sus niveles de actividad en la grasa parda, el gasto energético, el índice de masa corporal, la circunferencia de la cintura y la cantidad de grasa alrededor de sus órganos.

Se consideraron concepciones en meses fríos todas las que habían tenido lugar en fechas que no estuviesen entre el 16 de abril y el 16 de octubre. Es decir, del 1 de enero al 15 de abril y del 17 de octubre al 31 de diciembre. Todo ello en el hemisferio norte, por supuesto.

Se observó que los voluntarios que fueron concebidos en meses fríos tenían una mayor probabilidad de mostrar actividad alta en la grasa parda, un mayor gasto energético, un índice de masa corporal más bajo, un contorno de cintura más reducido y menos grasa alrededor de sus órganos. Todo esto no se asocia solo con mayor facilidad para adelgazar. También con una mejor salud metabólica.

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Una mayor actividad en la grasa parda se relaciona con menos IMC y circunferencia de la cintura, entre otros parámetros. Crédito: Huha Inc (Unsplash)

Está claro que realizar el estudio solo con hombres supone un sesgo enorme. A lo largo de la historia se ha caído muchísimas veces en el sesgo de no incluir a las mujeres en los estudios o los ensayos clínicos. Sería un error seguir haciéndolo. Además, solo se incluyeron hombres jóvenes, por lo que se estaban dejando muchos grupos de edad fuera.

Para solucionar este problema, los mismos autores repitieron el mismo procedimiento, esta vez con 268 hombres y mujeres de distintas edades. Los resultados fueron los mismos. Es decir, se vio una asociación “modesta pero significativa” entre los parámetros analizados.

¿Por qué se relaciona la grasa parda con la facilidad para adelgazar?

La grasa parda, también conocida como marrón, es una proporción del tejido adiposa con una gran concentración de mitocondrias. Estos son los orgánulos celulares en los que se obtiene la energía. De hecho, se les conoce como los motores de la célula. Por eso, se permite más fácilmente que los ácidos grasos se consuman, produciendo calor, en vez de almacenarse. Una mayor actividad en la grasa marrón indica muchas cosas; pero, entre ellas, una mayor facilidad para adelgazar. Por eso era tan importante analizarla en este estudio.

¿A qué se debe todo esto?

Los autores de esta investigación tienen su propia hipótesis sobre los resultados obtenidos. Consideran que, posiblemente, el frío actúe sobre la expresión de los genes contenidos en los espermatozoides y los óvulos.

Tanto estos como el resto de células del cuerpo tienen todos el mismo ADN. Nacemos ya con unos genes predeterminados. Sin embargo, la expresión genética sí puede modificarse con cambios ambientales. 

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