¿Tienes frío o calor? A veces es muy complicado ajustar la cantidad de ropa de abrigo a nuestras necesidades. Si sales con poca ropa, probablemente empiece a hacer frío de repente. En cambio, si decides abrigarte, las altas temperaturas te obligan a pasar el día con la chaqueta en la mano. Por eso, la mejor opción suele ser el estilo cebolla: a capas. El problema es que en ciertos ambientes esto es muy incómodo. Por ejemplo, a la hora de esquiar, llevar demasiadas prendas puede dificultar los movimientos. En general, con todos los deportes de invierno. Sería mucho más útil una sola prenda con un tejido que se adapte a la temperatura. Y eso podría ser una opción gracias al calamar. 

Estos animales tienen la capacidad de cambiar su color dependiendo del lugar en el que se encuentren. Puede parecer que esto no tiene absolutamente nada que ver con un tejido que se adapta a la temperatura. Sin embargo, un equipo de científicos de la Universidad de California, Irvine, ha visto la manera de basarse en lo primero para obtener lo segundo.

Todo es una cuestión de física y de jugar con la luz. La diferencia es que los calamares juegan con la luz visible, mientras que este tejido que se adapta a las temperaturas juega con la radiación infrarroja. 

El calamar como inspiración para los científicos

Hace tiempo que los científicos saben que mirar a la naturaleza puede ser la mejor fuente de inspiración para obtener nuevos materiales. Pigmentos blancos inspirados en un escarabajo, materiales más rígidos y robustos siguiendo las directrices de la gamba mantis, fibras basadas en la tela de las arañas… Todo está ahí, delante de nuestras narices, solo hay que saber mirar con los ojos adecuados.

Uno de los animales que más ha inspirado a los científicos es precisamente el calamar, al igual que el pulpo y la sepia. Su piel es una joya de la física. Está compuesta por muchas capas, con unos órganos llamados cromatóforos que se expanden o contraen para manipular la reflexión de la luz. Esto hace que, quien los mira, vea colores distintos, dependiendo de las circunstancias en las que se encuentre. Por ejemplo, pueden camuflarse con el ambiente o mostrar colores amenazantes ante un depredador. 

Para comprender esto debemos recordar que los colores, como tal, no existen. Nuestros ojos interpretan los colores dependiendo de la luz que llegue hasta ellos. Las superficies absorben determinadas longitudes de onda de la luz y reflejan otras. Estas últimas, las que se reflejan, son las que llegan a nuestros ojos, para ser procesadas y transformadas a una señal que se envía al cerebro. Esa señal en forma de color depende de los fotopigmentos presentes en la retina. Varían entre especies e incluso dentro de los individuos de una misma especie. Por eso no todos vemos los mismos colores.

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