Muchas personas han decidido volver al gimnasio después de las vacaciones de verano. Algunas, incluso están yendo por primera vez. Por eso, uno de los temas de conversación entre amigos más populares en esta época es el de las agujetas. Es habitual intercambiar trucos para que estas se hagan más llevaderas. ¿Pero cuáles de esos remedios contra las agujetas funcionan realmente?

Cabe destacar que este dolor muscular post ejercicio está rodeado de muchos mitos. Sin ir más lejos, su propio origen ha sido muy controvertido y durante muchísimos años se ha asociado con una idea equivocada. Por eso, no es extraño que también se hable de remedios contra las agujetas que, en realidad, no tienen ningún tipo de evidencia científica.

En este artículo vamos a ver algunos trucos que sí cuentan con estudios científicos que los respaldan. Algunos deben llevarse a cabo antes del entrenamiento y otros después. Pero, sea como sea, todos parecen tener cierta eficacia. Si estamos sufriendo ese molesto dolor de la vuelta al gimnasio, vale la pena intentar algunos de ellos.

El verdadero origen de las agujetas

Tradicionalmente se pensó que las agujetas se originaban por la formación de cristales de ácido láctico que se clavaban en el músculo como pequeñas agujas. De ahí el nombre.

El ácido láctico es una sustancia que se genera en las células de los músculos cuando se descomponen los carbohidratos para obtener energía en condiciones bajas de oxígeno. Lógicamente, se produce en grandes cantidades durante el ejercicio. Por eso se pensaba que podría tener relación con las agujetas. Sin embargo, hoy en día se sabe que no es así y que, de hecho, su producción es beneficiosa.

Aunque actualmente sigue habiendo algunas dudas sobre el origen de las agujetas, la idea más aceptada es que las microrroturas que se producen en el músculo a causa del esfuerzo dan lugar a una reacción inflamatoria. Como ocurre siempre en este tipo de reacciones, se estimulan los receptores del dolor, por lo que se produce esa molesta sensación cuyo pico se alcanza entre 24 y 48 horas después del entrenamiento.

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