El vapeo es un hábito muy frecuente, posiblemente por la sensación de falsa seguridad que aporta. Sin embargo, cada vez más expertos alertan de que su consumo es muy peligroso. Puede que no tanto como el de los cigarrillos convencionales, pero sí suficiente para causar problemas muy graves. Además, se advierte que cada vez más adolescentes fuman en vaper, lo cual no solo les puede provocar problemas de salud desde una edad temprana. También les abre la puerta a la adicción al tabaco.
El pasado mes de diciembre, el doctor Javier Pérez Pallarés, neumólogo en le Hospital Santa Lucía, en Cartagena, hizo en la SER unas declaraciones muy preocupantes sobre este tema. Según sus predicciones, en unos años podría haber un aumento de casos de cáncer de pulmón en jóvenes de 20 o 30 años. Estos se corresponderían justamente con aquellos que empezaron a vapear a los 12 o 13 años.
La realidad es que esto es algo que no se puede saber con seguridad, pero el especialista no se equivoca al suponer que estos adolescentes pueden sufrir duramente las consecuencias del vapeo. Lógicamente, los vapers que contienen nicotina son los más peligrosos, pero todos ellos contienen sustancias que, como mínimo, pueden causar irritación en el sistema respiratorio. Eso es lo más leve, pero pueden darse afecciones mucho más graves que, con el tiempo, irán a peor. Si tenemos en cuenta que en España se calcula que el 6,6 % de los adolescentes entre 14 y 18 años ya vapean, es vital intentar buscar soluciones.
Del vaper al cigarrillo hay una línea muy delgada
En sus declaraciones a la SER, Pérez Pallarés sostuvo que una hora de vapeo es igual al consumo de 200 cigarrillos. Esto, en realidad, no es exacto. Depende de muchos factores, como el hecho de que no todos los cartuchos de vaper tienen nicotina. Ahora bien, si la tienen, la cantidad de cigarrillos que contienen puede ser incluso mayor que esa.
De hecho, según la doctora Pamela Ling, directora del Centro de Investigación y Educación para el Control del Tabaco de la Universidad de California San Francisco (UCSF), hoy en día hay cartuchos contienen incluso el equivalente a 600 cigarrillos. Esto, en condiciones normales, sería excesivamente abrasivo para las vías respiratorias. Por eso, se usan sales de nicotina, que resultan más gentiles en ese aspecto. Pero solo en ese aspecto. Por lo demás, es igual de adictiva y supone los mismos peligros.
En cuanto a cuáles son esos peligros, Ling señala en un artículo de la UCSF que los efectos a nivel cardiovascular son exactamente los mismos que en el caso del tabaco. No parece que sean tan graves los efectos a nivel pulmonar, pero igualmente son preocupantes. Con respecto al cáncer de pulmón, recuerda que este normalmente tarda de 10 a 20 años en desarrollarse, por lo que es difícil saber a día de hoy hasta qué punto se relacionará con el consumo de cigarrillos electrónicos.
De cualquier modo, es bastante probable que sí que haya una relación. Si no por el consumo de nicotina en el vaper, al menos sí por el consumo posterior de tabaco. Y es que, hasta los 25 años, el cerebro está en pleno desarrollo y todos somos más susceptibles a las adicciones. Con una cantidad tan alta de nicotina en el cartucho del vaper, lo habitual es que los adolescentes experimenten tal adicción a esta sustancia que acaben cayendo en el tabaco.
También es peligroso el vapeo sin nicotina
Ya hemos visto los riesgos de vapear con nicotina, pero la realidad es que los cartuchos que solo tienen saborizantes también pueden ser peligrosos. Por un lado, porque abren la puerta al tabaco y, por otro, porque contiene sustancias igualmente nocivas. Por ejemplo, se ha visto que el vapor que desprenden estos dispositivos contiene sustancias como carbonilos, formaldehído y acetaldehído, todas ellas cancerígenas. Incluso puede haber metales pesados, como el cromo y el plomo.


¿Qué se puede hacer?
Según Pérez Pallarés, hay dos pilares básicos para evitar que este problema vaya a más. Por un lado, se deben aumentar las campañas de concienciación, especialmente en los centros educativos. Y, por otro, la regulación sobre el vapeo debería ser tan estricta como la del tabaco. Es cierto que, al menos en España, se ha reforzado mucho esta regulación en los últimos tiempos. Pero siempre se puede regular aún más.
Finalmente, como bonus a todo eso, el papel de los padres es esencial. Muchos permiten que sus hijos vapeen, creyendo que es algo inocuo. No es su culpa. Lógicamente, ellos quieren los mejor para sus hijos. Por lo tanto, aquí entra en juego el último actor de esta obra: la publicidad. Esta, jamás, debería hacernos creer que vapear es algo inocuo. Porque no, a la larga, posiblemente sea igual de perjudicial que el consumo de tabaco convencional.