
Hace unos meses te contamos que la UE estaba modificando su reglamento para exigirle a las compañías tecnológicas una nueva medida. Todas debían adaptarse y fabricar dispositivos electrónicos con una ‘batería extraíble’. ¿El motivo? Que los usuarios pudiesen cambiarla de forma relativamente fácil en su casa para alargar la vida útil de estos. En el saco entraban los móviles, ordenadores, tablets, relojes inteligentes como el Apple Watch e incluso pulseras de actividad como la Google Fitbit Air.
Para muchos fue un motivo de alegría, y para otros no tanto. Hacer que un dispositivo cuente con una batería fácilmente reemplazable es algo positivo para alargar su tiempo de uso, pero también un condicionante enorme a la hora de fabricarlo. En este sentido, más facilidad es sinónimo de diseños más gruesos, robustos y pesados. O lo que es lo mismo, un paso atrás en términos estéticos y funcionales.
Las quejas de los fabricantes han llegado a buen puerto. Al menos de algunos. La UE ha rectificado sus reglas para eximir a una categoría de esta obligación: los wearables. Dispositivos como el Apple Watch, los relojes inteligentes Android o las pulseras de actividad acaban de librarse de esta medida.
Los fabricantes no tendrán que fabricarlos teniendo en cuenta esa facilidad para reemplazar la batería. Algo negativo si pensabas cambiarla pasado un tiempo, pero también positivo para el avance a niveles estéticos y las dimensiones de los productos.

Tu Apple Watch no tendrá una batería fácilmente reemplazable. ¿Es una buena noticia?
El motivo es el obvio. Manipular dispositivos electrónicos tan pequeños es complicado per se, y a esta dificultad se le suma el hecho de que casi todos cuentan con niveles de protección contra el agua y el polvo. Abrir un Apple Watch en casa puede ser relativamente sencillo si la compañía se lo propone, pero volver a sellarlo confiando en la estanqueidad del reloj ya no parece tan buena idea.
La situación es aún más delicada con dispositivos de monitorización como la nueva Google Fitbit Air, una pulsera minúscula donde todo está sellado al milímetro. Convertir este producto en uno fácilmente reparable obligaría al fabricante a lanzar un gadget más grueso y engorroso.
Las opiniones siguen divididas en la comunidad, con usuarios que sí quieren que su reloj tenga una batería fácilmente reemplazable y otros, en contra, que abogan por no frenar el avance en términos de peso y dimensiones.
Ahora la bola está en el campo de los fabricantes, que pueden elegir si el Apple Watch o Galaxy Watch de turno incluyen esta facilidad para cambiar la batería. Una decisión, eso sí, que no existe al salir de la categoría de wearables: los móviles, portátiles y tablets siguen en la obligatoriedad de hacer el cambio. Al menos los vendidos en el viejo continente.
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