Si nuestras vidas más allá de las pantallas llevan un ritmo frenético, las actividades que llevamos a cabo digitalmente rozan lo vertiginoso. Vídeos de TikTok de apenas un minuto, notificaciones en el correo electrónico que llegan una detrás de otra, chats conversaciones que se acumulan a cada segundo… Es agobiante; pero, aun así, estamos tan acostumbrados a que nuestra atención salte de un lugar a otro de la pantalla que acaba convertida en algo parecido a las palomitas de maíz saltando en el microondas. Por eso, ese fue justamente el nombre que acuñó en 2011 el informático de la Universidad de Washington David Levy para hacer referencia a ese cerebro enganchado a la multitarea digital: cerebro de palomitas de maíz.

Cualquiera puede desarrollar el cerebro de palomitas de maíz, aunque las personas más vulnerables son los niños y los adolescentes. Justamente, hace poco hablamos de cómo afectan a los cerebros de los niños los vídeos cortos de TikTok e Instagram. Al acabar uno y empezar inmediatamente otro, el cerebro pierde ese momento de descanso que necesita para asimilar lo que ha visto y centrar su atención. Si esto pasa en un cerebro en desarrollo, la atención puede verse muy afectada. Pero los adultos también lo sufrimos.

Nuestro cerebro está tan habituado al ritmo digital que, cuando salimos de él, seguimos necesitando estímulos constantes. Por ejemplo, ¿eres capaz de ver una película en casa sin mirar el teléfono móvil? Incluso hay personas que son incapaces de no mirarlo en el cine, para fastidio de quienes se ven deslumbrados por su pantalla iluminada en mitad de la oscuridad. Todo esto se debe a que hemos perdido la capacidad de mantener la atención. Ya no somos capaces de conservar el hiperfoco y, si lo intentamos, nos cuesta mucho. Es cierto que no todo el mundo tiene cerebro de palomitas de maíz, pero todos los que usamos tecnologías a diario lo experimentamos ya hasta cierto punto. El problema es que los niños de hoy en día no conocen un mundo sin estas tecnologías. Prácticamente nacieron con un teléfono móvil debajo del brazo y eso puede pasar factura.

¿Por qué no es bueno el cerebro de palomitas de maíz?

A bote pronto, el cerebro de palomitas de maíz podría parecernos algo bueno. Al fin y al cabo, nos da flexibilidad para poder llevar la atención a varias cosas a la vez, ¿no?

Pero la realidad es que no. No son varias cosas a la vez, sino muchas seguidas. No somos capaces de centrar la atención durante mucho tiempo en una tarea, por lo que saltamos y saltamos, llegando a desarrollar un gran agotamiento mental. Ese es uno de los grandes inconvenientes del cerebro de palomitas de maíz.

Y lo peor es que es un problema que no hace más que avanzar. De hecho, según cuenta en declaraciones recogidas por Business Insider la catedrática de Informática de la Universidad de California en Irvine Gloria Mark, si en 2004 la atención media de las personas en una pantalla era de 2 minutos, hoy en día es de 47 segundos. 

niña viendo vídeos cortos de TikTok e Instagramniña viendo vídeos cortos de TikTok e Instagram
Los niños son los que más pueden sufrir las consecuencias del cerebro de palomitas de maíz. Crédito: Freepik

Ante esta situación, los medios de comunicación se adaptan. Noticias más cortas, imágenes, vídeos… Ya no somos capaces de leer una noticia larga como antes. En vez de fomentar la atención, nos dan la información más mascada y fomentan esos saltos de atención con tal de que la rueda pueda seguir girando.

Es algo de lo que alertan especialistas como la psicóloga Gloria R. Ben, quien señala que  “las plataformas digitales están diseñadas para enganchar al usuario”. “Cuanto más rápido, llamativo y personalizado es el  contenido, más difícil resulta desconectar”.

¿Cómo puedes saber si lo sufres?

Thomas Laudate, neuropsicólogo clínico del Tufts Medical Center en Boston (EEUU), explicó también a Business Insider algunas de las señales que nos pueden alertar de que tenemos cerebro de palomitas de maíz. 

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