Todas las modas vuelven. Que vuelvan los pantalones de campana o los de tiro bajo puede ser doloroso en algunos sentidos, pero es aún peor si la moda que vuelve no es una prenda de ropa, sino una droga. En los últimos tiempos se ha percibido un aumento en el consumo de drogas tradicionales, como el popper. Raves, festivales, botellones… Esta droga de dudosa legalidad se ha hecho de una renovada gran fama entre los más jóvenes en un montón de escenarios diferentes. Pero, si cabe, resulta más preocupante la vuelta del cloretilo, una sustancia de muy fácil acceso, ya que se vende en las farmacias sin receta como spray anestésico.

Si bien el famoso Reflex no contiene esta sustancia, sus efectos son comparables. Se trata de un spray que normalmente se usa para aliviar el dolor de lesiones musculares. No obstante, las jóvenes que lo consumen como droga no lo pulverizan en su piel. Lo aplican en un tejido, normalmente una prenda de ropa, como una camiseta, y después lo inhalan.

Produce un efecto de euforia que puede resultar agradable a quien lo consume. No obstante, este consumo del cloretilo es muy peligroso por muchos motivos. Incluso a dosis bajas puede producir efectos secundarios graves, pero su consumo continuado o a dosis elevadas es capaz incluso de causar la muerte. El problema es que no es fácil controlar la dosis. Por eso, alcanzar esas dosis elevadas no es tan complicado.

Pasado y presente del cloretilo como droga

El cloruro de etilo, también llamado cloretilo, no es ninguna novedad. De hecho, este gas se sintetizó por primera vez en 1759 y comenzó a usarse como anestésico general a finales del siglo XIX y principios del XX.

Más tarde pasaría a ser un anestésico local de venta libre, especialmente para tratar lesiones deportivas. Su consumo se restringía a eso hasta que en la década de 1980 comenzó a popularizarse como droga recreativa. Alguien decidió inhalarlo y descubrió que producía un subidón interesante

A pesar de la fama con la que se hizo en esta época, acabó cayendo en desuso, quizás desplazado por otras drogas. Pero el control ejercido sobre la venta de algunas de ellas ha llevado a que muchos jóvenes vuelvan a esas sustancias aparentemente inocuas que, tomadas de una forma concreta, se convierten en drogas. El cloretilo retomó su fama ya en el siglo XXI.

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