“La noche es oscura y alberga horrores”. Si lo decía Melisandre, por algo será. Pero, dejando a un lado la referencia a Juego de Tronos, sigue siendo bastante cierto. ¿Quién no se ha despertado alguna vez en mitad de la noche con ansiedad o una gran preocupación por un tema que a la luz del día pasó a parecer mucho más trivial? Esto, en realidad, es una mala pasada de nuestro cerebro, que no está preparado para estar activo después de la medianoche. Estar despiertos de madrugada puede jugarnos malas pasadas. 

El problema es que no solo nos despertamos preocupados. También se ha visto que los casos de autolesiones y suicidios son más abundantes entre la medianoche y las 6 de la mañana. Además, si estamos despiertos de madrugada es más probable que caigamos en malos hábitos como los atracones de comida o el tabaco.

Todo esto parece un gran fastidio y sin duda lo es. Sin embargo, la ciencia apunta a que tiene beneficios evolutivos. En el pasado, estar despiertos de madrugada podría costarnos la vida, así que lo mejor era que estuviésemos bien atentos a los peligros que acechaban. Veamos qué quiere decir eso exactamente.

Un beneficio para nuestros antepasados cazadores

Antes de abandonar la vida nómada para instalar poblaciones sedentarias, los humanos vivían generalmente de la caza y la recolección. Ambas son tareas que se realizaban mucho mejor durante el día. Eso dejaba la noche para descansar. Igual que ahora. El problema es que precisamente por eso nuestros antepasados eran mucho más vulnerables después de la medianoche. Podían convertirse en las presas de algún depredador.

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Los pensamientos intrusivos pueden ser más abundantes por la noche. Crédito: Pexels

Esto se evitó hasta cierto punto gracias a la evolución. Poco a poco se fue seleccionando la capacidad de nuestro cerebro para estar atento especialmente a los estímulos negativos durante las horas nocturnas. Así, si algún depredador intentaba atacar durante la noche, estarían alerta, mientras que un ruido más inocuo no causaría esa necesidad de atención.

Hoy en día ya no somos ni cazadores ni cazados. Al menos no normalmente. Sin embargo, nuestro cerebro aún conserva esa capacidad de centrarse en los estímulos negativos si estamos despiertos de madrugada. Unos estímulos que pueden ir desde la rumiación de esos problemas banales del día a día hasta la necesidad de fumar, pasando por pensamientos mucho más terribles como los que hemos mencionado al principio.

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