Vivimos en una sociedad en la que se da tanta importancia a la productividad que a veces nos olvidamos de vivir. Eso genera un estrés mantenido, que a la larga puede provocar una elevación excesiva de nuestros niveles de cortisol, con el consiguiente abanico variado de síntomas. Hace unos años, todo esto nos habría sonado a chino, pero la realidad es que el cortisol es ya un término con el que estamos muy familiarizados. Eso sí, quizás no nos hemos familiarizado de la forma más adecuada. Últimamente se habla mucho sobre la intoxicación de cortisol. Hay retiros espirituales que prometen desintoxicarnos e incluso psiquiatras influencers que aseguran que puedes divorciarte por culpa de una intoxicación de cortisol. Son extremos diferentes, pero igualmente equivocados. Y es que el cortisol no nos intoxica. De hecho, es una hormona muy necesaria para nosotros.

Este tipo de mensajes pueden ser  muy dañinos. Pueden incluso generar culpabilidad. Si tengo una intoxicación de cortisol es porque no he sabido evadirme del estrés. Podría haber ido a un retiro de desintoxicación y no lo hice. ¿Me estoy envenenando?

Para responder a estas preguntas es importante entender, por un lado, qué es el cortisol y, por otro, qué es una intoxicación. Es la mejor manera de comprender que hablar de una intoxicación de cortisol no tiene sentido por muchísimos motivos. Digan lo que digan los organizadores de retiros y algunos influencers de la psiquiatría.

El cortisol es necesario para ti

El cortisol es una hormona esteroidea producida por unas glándulas ubicadas sobre los riñones, conocidas como glándulas suprarrenales. 

Ayuda a regular la respuesta del cuerpo al estrés. Por lo tanto, si no pudiésemos producir cortisol, el estrés sí que sería un problema grave. Esta regulación la lleva a cabo de varias formas. Por ejemplo, regula la presión arterial para que no sea demasiado alta ni demasiado baja, estimula la liberación de glucosa desde el hígado para proporcionarnos un chute de energía que nos ayude a salir de la situación de estrés e incluso controla el uso de carbohidratos, grasas y proteínas por parte del cuerpo para maximizar esa energía. También reduce la inflamación para compensar la que podría causarnos el estrés e interviene en el control de los ritmos circadianos para que podamos dormir adecuadamente.

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En realidad el cortisol es necesario para regular la respuesta al estrés. Crédito: Giulia Bertelli (Unsplash)

Todo esto ocurre en situaciones agudas de estrés o ansiedad. El problema llega cuando tenemos un estrés mantenido. En ese caso, puede que el cuerpo deje de responder al cortisol con normalidad. Se acostumbra a él, por lo que debe generarse más, y entonces se produce un desbalance poco saludable. La presión arterial puede subir demasiado, la inflamación, lejos de reducirse, aumenta, los niveles de azúcar se elevan demasiado…

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