El pasado 11 de febrero muchos veterinarios españoles cerraron simbólicamente sus clínicas a las 11 de la mañana como protesta por la implantación de PRESVET. Esta iniciativa, enmarcada en las directrices del Real Decreto 666/2023, ha generado muchísimo revuelo entre estos profesionales, ya que consideran que se menosprecia su juicio profesional y, además, se ataca directamente al bolsillo de los tutores de sus pacientes. El parón veterinario ha sido quizás la más significativa, pero no la única iniciativa que ha surgido desde que se puso en marcha PRESVET a principios de año. Ahora bien, ¿cuáles son exactamente los motivos por los que los veterinarios se han decidido a protestar?

En realidad, hay varios motivos. A grandes rasgos, se quejan de que los protocolos a los que les obliga PRESVET pueden poner en riesgo la salud e incluso la vida de los animales. También alertan de los gastos que supondrá para los tutores y, para terminar, protestan por toda la burocracia extra que supondrá esta nueva normativa. 

Tras este parón veterinario, ya se han organizado algunas concentraciones y protestas. En Galicia, por ejemplo, se organizó una el 13 de febrero en Pontevedra. Además, está prevista otra en A Coruña y Lugo para el día 23, en Valencia para el 21 y en Madrid para el 5 de marzo. Está claro que el descontento es generalizado, pero en Hipertextual hemos querido saber más. Por eso, nos hemos puesto en contacto con dos veterinarios clínicos, Cecilia y el veterinario ilustrado (por su nombre en Bluesky).

A, B, C, D, he ahí la cuestión

En realidad, como su propio nombre indica, el Real Decreto 666/2023 se aprobó en 2023 y ya se había empezado a utilizar. Sin embargo, se le han ido añadiendo nuevos preceptos y ha sido uno de ellos el que ha generado el parón veterinario y todo el revuelo asociado. Se trata de PRESVET, una iniciativa cuyo objetivo, según indican en el BOE, es garantizar el uso prudente y responsable de medicamentos veterinarios. Sobre todo se presta atención a los antibióticos, ya que el problema de las bacterias resistentes no nos afecta solo a los humanos. De hecho, todos estamos conectados. Las bacterias resistentes por nuestro mal uso de antibióticos pueden afectar a otros animales y las derivadas del mal uso de antimicrobianos en mascotas nos pueden afectar a nosotros.

Para regular adecuadamente la prescripción de antibióticos, estos se dividen en cuatro grupos: A, B, C y D. “Desde la entrada en vigor de esta ley debemos usar primeramente medicamentos del grupo D”, explica el veterinario ilustrado. “Si no funciona podemos pasar a los del grupo C y, en caso de que no funcionen, ya usaríamos los del grupo B con antibiograma previo”. El antibiograma es una prueba en la que, a partir de un cultivo bacteriano, se analiza a qué antibióticos es sensible o resistente la bacteria responsable de la infección.

Nos quedaría el grupo A, pero en realidad este no aplica, ya que se reservan para medicina humana. ¿Cuál es el problema entonces? “Hay determinadas patologías con estudios clínicos que se sabe que funciona bien por ejemplo un antibiótico del grupo C”, relata el veterinario. “Sin embargo, al tener que empezar con el D a la fuerza, tienes que esperar 4-5 días para determinar que ese medicamento no funciona y entonces poder justificar su uso”.

Este es el motivo por el que los veterinarios alertan que se puede ralentizar el tratamiento.

Por suerte, hay excepciones

Debemos tener en cuenta que hay algunas excepciones. “Las únicas excepciones son animales de difícil manejo, que ahí eliges según tu criterio cuál le va mejor”, señala el veterinario ilustrado.

Por su parte, Cecilia nos cuenta que cuando peligra la vida del animal siempre primará el criterio clínico del veterinario. Eso sí, este debe justificarlo debidamente, ya que puede someterse a una inspección en cualquier momento. 

“En estos casos la ley insiste mucho en que el criterio clínico del facultativo prevalecerá. No vas a posponer ningún tratamiento si realizas bien tu trabajo y sabes justificar clínicamente por qué estás haciendo lo que estás haciendo. El problema es que no sabemos cómo va a juzgar ese ‘criterio clínico’ el inspector encargado del caso si se nos somete a inspección. Eso puede provocar que los facultativos actúen desde el miedo y no desde la tranquilidad de sus conocimientos”.

Cecilia, veterinaria clínica desde hace 15 años

En este caso, la veterinaria pone un ejemplo muy ilustrativo. “Hay cosas injustificables, como usar un antibiótico del grupo B en la castración de un gato. Eso hay gente que lo hace desde hace años”. Obviamente, eso no pasaría la revisión de un inspector. Si peligra la vida del animal y los estudios señalan la eficacia del antibiótico elegido, no debería haber problema siempre que se justifique adecuadamente. Y también siempre que el inspector sea consecuente, por supuesto. 

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El criterio clínico del veterinario se debe tener en cuenta como preferencia en casos graves. Crédito: Mikhail Nilo (Pexels)

El antibiograma es esencial

Los dos veterinarios consultados para este artículo recuerdan que, en esos casos especiales, el antibiograma es obligatorio. Es decir, si se decide poner directamente un antibiótico del grupo C, se deberá tomar una muestra y hacer un antibiograma para comprobar si la bacteria responderá bien a ese antibiótico. La parte positiva es que no hay que esperar a los resultados para poner el tratamiento. Dado que se trata de una emergencia, la muestra se puede tomar de forma paralela al tratamiento. 

El parón veterinario también reivindica el suministro de fármacos en las clínicas

Una de las mayores quejas de los veterinarios, y por supuesto uno de los factores que han empujado al parón veterinario, es la imposibilidad de que ellos puedan suministrar los medicamentos a los animales. “Desde la entrada en vigor, no podemos dispensar el tratamiento completo a nuestros pacientes”, aclara el veterinario ilustrado. “Podemos cederles una parte, para el primer/segundo día y luego recetar para que vayan a la oficina de farmacia o comercial veterinaria a comprar el resto”. El problema, según nos cuentan tanto él como Cecilia, es que la mayoría de los medicamentos son cajas que contienen 20-40-100 pastillas.

“¿Qué ocurre si a lo mejor solo necesitas 10?”, se pregunta el veterinario ilustrado. “Según PRESVET, cuando el tutor del animal vuelva a consulta por una patología similar, deberemos acordarnos de que tiene esas pastillas, decirle que las use y notificarlo”. Ahora bien, ¿qué pasará en la práctica? “Habrá comprado y por tanto gastado dinero en pastillas que no necesita. Y, además, teniéndolas en casa es muy fácil hacer un mal uso de ellas, especialmente si son antibióticos”. Exactamente igual que hacemos a veces los humanos con la medicación que nos sobra.

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Los veterinarios reivindican su derecho a suministrar medicamentos. Crédito: Myriam Zilles (Unsplash)

Cecilia opina lo mismo. “Si yo tengo que tratar a un perro durante 7 días le voy a dar 7 comprimidos, no va a sobrarle al tutor ninguno que pueda utilizar indebidamente en otro momento”. Además, señala otros problemas derivados de impedir a los veterinarios suministrar los medicamentos a sus pacientes. “Lo que estamos viendo desde 2023 con la venta por parte de los farmacéuticos es que algunos se niegan a vender medicamentos veterinarios y dan su versión de humana”. Esto está prohibido por ley, pero se han dado casos.

Una búsqueda que complica las cosas

“En otras ocasiones nos hemos encontrado con que, si no existe el mismo principio activo veterinario, buscan uno que se le parezca, sin consultar al profesional veterinario, y proporcionan la dosis que ellos estiman oportuna sin tener en cuenta que los animales tienen fisiologías diferentes que varían por especie”, alerta la veterinaria. Si la dosis puede variar muchísimo entre hombres y mujeres, ya no digamos entre especies distintas.

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