En Gladiator (2000) Maximus Decimus Meridius (Russell Crowe), se enfrenta contra una Roma corrupta y violenta en manos de Cómodo (Joaquín Phoenix). Lo que lleva al general, a prácticamente ofrendar su vida en la arena de los gladiadores, para asegurarse de la permanencia del sueño del Imperio. Mucho más, recuperar el espíritu romano y la influencia que representa. Pero en Gladiator 2 (2024), ese sueño parece más lejano que nunca. En particular, ahora que el poder lo ostentan los hermanos emperadores Geta (Joseph Quinn) y Caracalla (Fred Hechinger). Delirantes, violentos y sin capacidad para unificar el territorio, Roma está a punto de derrumbarse sobre los escombros de lo que fue el centro del mundo. 

De nuevo, Ridley Scott, convierte en Gladiator la historia universal en un escenario de interesantes y retorcidas intrigas políticas. Mucho más, en una reflexión sobre el poder, la forma fraudulenta de obtenerlo y la violencia. Todo, en un lujoso escenario que recuerda la gloria de Roma en su belleza y extensión. Tanto Gladiator como su secuela, son reflexiones acerca de la forma en que la ambición, la codicia y la crueldad, pueden sacudir incluso al imperio más poderoso de todos. Mucho más, cuando el odio se convierte en moneda común entre personajes y escenarios.

Pero, por más macabro y exagerado que parezca, la saga Gladiator no es solo fruto de la imaginación de los guionistas John Logan y David Scarpa. De hecho, buena parte de la saga se basa en sucesos reales que fueron, tan o incluso, más truculentos que lo que cuentan ambas películas. Te dejamos un recorrido por el marco histórico en que se basan las historias dirigidas por Ridley Scott. Del contexto del auténtico Cómodo hasta la violencia del poder. Todo para profundizar en uno de los acercamientos más interesantes a la vida de la Roma Imperial en la pantalla grande. Como es de suponer, este análisis contiene considerables spoiler sobre la película Gladiator 2, así que lee con cuidado.

¿Qué es real y qué no, en la saga ‘Gladiator’?

Gladiator 2Gladiator 2

Uno de los puntos más interesantes de Gladiator y que hereda su secuela, es el punto de vista sobre el honor, la familia y la lealtad hacia el Imperio. Si bien, los argumentos de ambas películas giran alrededor de la idea de la venganza, también hay mucho de la reflexión acerca de cómo un general romano — o un ciudadano — percibía al territorio. No se trataba solo de la identificación como partes de los habitantes de la Roma, centro del mundo occidental para la época. También, una forma de reflexionar acerca de cómo esa relación — admiración y abnegación — formaba parte del carácter de hombres comunes y figuras de relevancia militar. Algo que fue más obvio que nunca, al retratar al honesto Maximus de Russell Crowe.

En Gladiator 2, parte del interés se enfoca en las personalidades de los emperadores Caracalla y Geta. De la misma manera que Cómodo, ambos representan la forma en que Roma se desploma debido a la torpeza de las cabezas visibles que la gobiernan. Pero aunque la cinta les muestra como dos dementes antagonistas, la historia real es mucho más cruenta y brutal. Caracalla, en particular, es considerado como un tirano sanguinario con una cruel historia a sus espaldas. 

GladiadorGladiador

Nombrados como emperadores en el año 211 d. C., por su agonizante padre Septimio Severo, los hermanos se odiaban entre sí. Mucho más, debido a que el llegar al poder, provocó que ambos debieran negociar, para bien o para mal, los atributos que cada uno de ellos tendrían como gobernante. La constante disputa los convirtió en enemigos acérrimos, cuyas intrigas mutuas convirtieron a Roma en un hervidero de traiciones, asesinatos y lealtades endebles, basadas en el miedo o la codicia.

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