La Revuelta, el programa de TVE presentado por David Broncano, trajo ayer de nuevo la ciencia al prime time. Los entrevistados del miércoles, 13 de noviembre, fueron Marcos de la Peña y María José López Galiano, dos de los descubridores de una nueva entidad biológica bautizada como Obelisco.

Ambos han formado parte de un grupo de investigación internacional liderado por el premio Nobel Andrew Fire. En él han participado otros científicos del Instituto de Biología Molecular y Celular de las Plantas de la UPV y el CSIC, al que ellos pertenecen, pero también algunos investigadores de la Universidad de Toronto, en Canadá.

Los obeliscos son entidades biológicas infecciosas y se han hallado en el interior de bacterias presentes en la boca y el intestino de los seres humanos. Aunque, posteriormente, se han encontrado en otros muchos entornos, desde aguas residuales hasta ríos y también otros animales no humanos. De momento no se sabe cuál es la función del obelisco, más allá de su potencial infeccioso. No obstante, según explicó en La Revuelta la propia López Galiano, quizás podría ayudar a combatir a las bacterias resistentes a antibióticos. Y esa, dado el nivel de peligrosidad que están alcanzando dichas bacterias en los últimos años, sería una grandísima noticia. 

Los primeros hallazgos sobre el Obelisco

La investigación de estos científicos comenzó con el análisis de las heces de 440 humanos. Lógicamente, estas contenían bacterias comunes de la microbiota intestinal humana. Pero su objetivo no era tanto analizar esas bacterias como los posibles patógenos que estas albergan. Y es que, del mismo modo que los virus infectan a nuestras células, también pueden infectar a las bacterias.

Al analizar mediante bioinformática las moléculas presentes en algunas de esas bacterias intestinales, encontraron unas moléculas de ARN curiosas. Los algoritmos informáticos encontraron que tenían un potencial infeccioso. Pero no eran virus. Es cierto que los virus a veces pueden detectarse a través del ARN que contienen. Se trata de ARN que codifica proteínas. Es decir, contiene las instrucciones para que, una vez en las células a las que infectan, se fabriquen proteínas que les resultan útiles para su supervivencia. Estas moléculas de ARN que encontraron también codificaban proteínas. Sin embargo, al contrario que los virus, no estaban envueltas por una cubierta proteica. Además, eran mucho más pequeñas.

obeliscoobelisco
Recreación de bacterias intestinales (células en color naranja) infectadas por Obeliscos (varillas negras). / IBMCP (CSIC-UPV)

La segunda opción era que se tratase de viroides. Estas son moléculas de ARN muy pequeñas que contienen unas proteínas de autocorte, llamadas ribozimas, capaces de catalizar ciertas reacciones químicas. En eso coincidían con este nuevo hallazgo. Sin embargo, los viroides no son capaces de codificar proteínas. Por lo tanto, estos científicos estaban ante una nueva entidad biológica a medio camino entre un virus y un viroide. Era algo nuevo y necesitaba un nombre. Por eso, dada la estructura en forma de varilla que posee, la bautizaron como obelisco.

Ver fuente