La Batalla de Reposo del Grajo, abrió la puerta a lo impensado en La Casa del Dragón. El primer enfrentamiento real entre los dragones de las diferentes facciones de la familia Targaryen dejó destrucción a su paso. No solo al ser el escenario en que el rey Aegon II (Tom Glynn-Carney) estuvo a punto de morir. También, al provocar la muerte de Rhaenys (Eve Best) y de su mítica montura, Meleys.
De modo que el saldo del enfrentamiento fue igualmente grave para ambos bandos. Pero en especial, marcó un hito. Si antes hubo posibilidades de paz — negociada bajo diplomacia o acuerdos — las heridas, muertes y desgarros en el seno del clan han puesto fin a ellas.
El quinto capítulo de la segunda temporada de La Casa del Dragón detalla, de inmediato, que esta grieta tiene más consecuencias que solo las heridas entre Verdes y Negros. La muerte de un dragón legendario como el de la Reina que Nunca Fue tiene su efecto sobre el pueblo. Algo que Ser Criston Cole (Fabien Frankel) comprobó de inmediato al pasear la cabeza decapitada de la mítica bestia a través de las calles de Desembarco del Rey. Si la Mano de Aegon II creyó que la vista del cuerpo mutilado de Meleys despertaría el asombro, confirmó que ocurrió todo lo contrario. El pueblo se aterrorizó por la mera idea de la muerte de un dragón. Pero aún peor, sufrió un desengaño peligroso. Asumir que los Targaryen no son semidioses, ni sus monturas inmortales.
La directora Clare Kilnercon, a través del guion de Ti Mikkel, explora con habilidad las consecuencias inmediatas de todo lo acontecido en La Batalla de Reposo del Grajo. Pero, a la vez, hace algo más inteligente: plantear que el escenario bélico va a enfrentarse a un giro que implica algo más que el desafío entre enemigos que disputan el Trono de Hierro. También, que la atmósfera en la capital del continente es cada vez más tensa y cercana a una revuelta. ¿Quién podría beneficiarse de una situación semejante? La trama profundiza en el hecho de que se recorre terreno desconocido. De modo que lo que pase de ahora en más en la Danza de Dragones es un escenario que ninguna de las partes puede predecir.


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El rey está herido, larga vida al Regente


El nuevo capítulo de La Casa del Dragón deja en claro que el antiguo mandato de la supremacía masculina que evitó que Rhaenyra (Emma D’Arcy) llegara al trono sigue bastante vigente. Esto lo logra al explorar que, tanto entre los Verdes como los Negros, las voces sensatas, y a menudo sabías, de las mujeres cercanas al poder quedan por completo ignoradas. En el caso de la Reina Negra, su prudencia se confunde con debilidad. Mucho más, mientras Daemon Targaryen (Matt Smith) continúa ausente de Rocadragón, lo cual debilita la posición y el reclamo de su esposa.
Pero para Daemon, ese parece ser un problema menor. En particular, cuando sus propias ambiciones de poder le hacen tomar decisiones que, a primera vista, parecen desordenadas y poco calculadas. El guion de La Casa del Dragón dirige correctamente la atención hacia el momento especialmente confuso y débil que atraviesa el rey consorte. Todavía en la ancestral Harrenhal, parece incapaz de tomar una decisión consciente de hacia dónde dirigir sus esfuerzos. Eso, mientras sufre sueños incómodos — algunos especialmente perturbadores — y lucha por conservar la cordura.


Las cosas no van mejor en la Fortaleza Roja. Luego de un debate en el que Alicent (Olivia Cooke) tuvo que claudicar cualquier aspiración al poder en favor de Aemond (Ewan Mitchell), toda la situación a su alrededor parece precipitarse. En especial, porque el joven príncipe, ahora regente, es mucho más violento, directo y con una mente más estratégica de la que nunca tuvo su hermano. Y también tiene a Vhagar, el dragón más grande de Poniente, el más peligroso y hasta ahora imbatible. Como su jinete, Aemond tiene el poder total y una posición que un rey débil y herido como su hermano es incapaz de enfrentar.
La guerra en manos de los dragones
Buena parte del capítulo de La Casa del Dragón — que volvió a los escenarios de la intriga política — se esfuerza en mostrar que el verdadero poder es del fuego. Esto incluye cuántos y cuáles jinetes de dragón están a disposición de cada bando. Ese punto de vista hace que Aemond tenga todas las de ganar y sea temido en buena parte del territorio. Vhagar se ha enfrentado y vencido a dos dragones conocidos por su poder y, en especial, por pertenecer a las criaturas más emblemáticas de los Targaryen. De modo que el tablero de juego se mueve hacia la Corte de los Verdes.


La Casa del Dragón también explora en la forma en que Corlys Velaryon (Steve Toussaint) asume su duelo. Transido de dolor y con ansias de venganza, no sabe bien a dónde dirigir sus esfuerzos. De modo que Rhaenyra le brinda la oportunidad de mostrar su dolor — y, presumiblemente, su deseo de venganza — como su Mano. Es un ofrecimiento estratégicamente brillante, debido a que la Reina Negra podría considerar como parte de su ejército los navíos de la familia de su ex suegro. Más importante que eso es su conocimiento, ahora que Daemon tiene su propia agenda.
Por otro lado, el príncipe Jace (Harry Collett) logró un crítico triunfo en su negociación con los Tully y eso le brinda la oportunidad de demostrar su capacidad diplomática. Mejor aún: dejar en claro que su madre tiene un apoyo táctico, brillante y comedido para tratar con asuntos de mayor sutileza. Con todo, el gran problema a tratar siguen siendo los dragones. ¿Quién puede vencer a Vhagar?
Un giro que puede cambiarlo todo


Tal vez por lo anterior, el capítulo concluye con una importante conversación entre la Reina Negra y su hijo. Ambos llegan a la conclusión de que necesitan dragones. Pero también, jinetes. De modo que La Casa del Dragón se mueve en una dirección que debe resultar familiar para los lectores: la de indagar en las semillas del dragón, que no es otra cosa que los descendientes de los Targaryen capaces de reclamar una de las míticas bestias.
Con esa posibilidad sobre la mesa, algo es evidente: en la serie, el poder se disputará por aire y entre llamas. Un punto aterrador que podría reducir a cenizas a ambos bandos y a todo lo que aman y protegen. Eso es lo más duro que debe asumir la Reina Negra.