Gladiator 2 está destinada a convertirse en un éxito. No solo es una de las películas más importantes de 2024 — todo un logro en un año lleno de grandes producciones — sino que es una secuela que no decepciona. En especial, porque toma la esencia de la original y lo lleva a una dimensión por completo nueva. La Roma Imperial vuelve al cine en todo su esplendor. Pero más allá de eso, el director Ridley Scott supo profundizar en la lealtad, los ideales y el honor desde el mismo punto redentor de la cinta original.

Sin embargo, antes que el proyecto de la secuela al clásico del año 2000 llegara a buen término, hubo varios intentos de dar continuidad a la historia original. Eso, a pesar de que el relato sobre Maximus (Russell Crowe), concluía de manera satisfactoria y sin cabos sueltos. A saber: el general romano, no solo daba cumplida cuenta a su venganza. También, asesinaba a su enemigo mortal, el emperador Cómodo (Joaquín Phoenix). Por último, pedía que Roma regresara a los ideales que la sostenían y convertían en centro del mundo. Algo que parecía posible, después que Lucilla (Connie Nielsen), exigiera que el esforzado personaje recibiera honor y que su memoria fuera honrada con lealtad y respeto.

Pero Gladiator no solo fue un éxito de taquilla — que recaudó casi 500 millones de dólares — sino también uno de crítica. Lo que le valió un Oscar a la Mejor Película y Mejor Actor. Por lo que una secuela se convirtió en un objetivo lo bastante apetecible como para que se barajaran varias ideas. De una premisa que explorara a lo ocurrido luego de los eventos de la original, hasta seguir a varios de los personajes sobrevivientes. Lo cierto es que el interés atrajo todo tipo de premisas y posibilidades. Pero ninguna como la involucró al músico y escritor australiano Nick Cave. 

La más disparatada historia para Maximus

Para la década del 2000 y mientras las diversas perspectivas para una posible secuela intentaban explorar en terreno seguro, Nick Cave recibió una oferta para un guion que explorara en Roma. Mucho mejor de incluir — por algún vericueto del guion — la presencia del Maximus de Russell Crowe. Para entonces, Cave apenas había sido acreditado para una historia en la pantalla grande: el western de 2005 de John Hillcoat, The Proposition. Pero eso no impidió que aceptara la oferta. Mucho más, que se pusiera manos a la obra de inmediato. Solo que, enfocando la historia desde un punto de vista por completo distinto al que habían brindado los guionistas David Franzoni, John Logan y William Nicholson a la película original.

Buena parte de la carrera del músico y escritor, estaba dedicada a explorar en la dualidad del bien y el mal. Mucho de su trabajo lírico, ensayos y artículos, se enfocaba en la búsqueda de un punto de unión entre lo divino y lo terrenal. Siempre a través de la presencia de un puente místico o figuras poderosas que pudieran reimaginar la realidad a través de sus acciones y decisiones. Por lo que, en lugar de profundizar en el lado más realista, histórico y práctico del contexto de Gladiator, Cave decidió analizar las aristas más filosóficas del relato en una hipotética Gladiator 2.

Siempre desde ese punto de vista, el escritor — conocido también, por su interés en temas esotéricos — decidió explorar en la divinidad. Eso desde el ángulo que dejaba claro que, a pesar de sus esfuerzos, Maximus todavía no había cumplido del todo su destino. Por lo que era necesario que, además de regresar a la vida — un suceso fantástico que Cave enfocaba desde la promesa de la eternidad — también tenía un propósito que llevar a cabo. Eso, al convertirse en algo semejante a un espíritu titular de todos los grandes conflictos de la humanidad, desde Roma hasta la Segunda Guerra Mundial. 

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