SpaceX, la compañía espacial de Elon Musk, ha vuelto a hacer historia. Si ya había conseguido reutilizar la primera fase de su cohete Falcon 9 en hasta 20 ocasiones, ahora ha hecho algo aún más difícil con el quinto vuelo de prueba de Starship: recuperar el cohete Super Heavy en su vuelta a la Tierra directamente en el aire, sin que llegase a tocar el suelo. Esto ha sido posible gracias a la torre Mechazilla, dotada con brazos robóticos para la ocasión. Sin duda, es algo sin el más mínimo precedente. Eso es cierto. No obstante, solemos pensar que el hecho de diseñar un cohete que se pueda reutilizar tampoco tiene precedentes y, en ese caso, sí que existen.

De hecho, el diseño del primer cohete reutilizable tuvo lugar en los años 60, en pleno apogeo de las misiones Apolo. Elon Musk ni siquiera había nacido en esa época.

El cohete reutilizable en cuestión se llamaba SASSTO y era bastante diferente a Super Heavy, pero sí suficientemente parecido como para considerarlo una fuente de inspiración. Al contrario que Falcon 9 o Super Heavy, SASSTO nunca llegó a volar. Tras realizar los cálculos convenientes, se consideró que no era económicamente viable. Sin embargo, puede que quienes llegaron a esa conclusión se equivocasen en sus predicciones.

Los antecedentes de Falcon 9 y Super Heavy

El ingeniero responsable de SASSTO fue el estadounidense Philip Bono. Este científico se encontraba trabajando para la North American Aviation cuando tuvo la idea. Dicha compañía fue la responsable del diseño y la construcción de Saturno V, el cohete desechable que se había desarrollado para impulsar la nave de las misiones Apolo.

Este era un vehículo desechable de varias fases. Hacía tiempo que se venía considerando que los cohetes multietapa eran mejores que los de una etapa sola. Esto se debe a que, si cada fase tiene su propio motor y su propio combustible, a medida que estas dejen de ser necesarias se pueden ir liberando, dando más ligereza al cohete para que pueda ganar velocidad. Aunque también tiene un gran inconveniente de cara al lanzamiento, pues, con todas sus fases cargadas de combustible, el cohete sería especialmente pesado.

Bono pensó que esto se podría solucionar con un cohete en forma de bala, con una sola fase, que además fuese reutilizable. Los cohetes de varias fases, como el Saturno V, eran totalmente desechables, lo cual era más caro y contaminante. Pero quedémonos con que era caro, que era lo que más importaba a los inversores del proyecto.

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