En el último año se ha puesto muy de moda el consumo de la semaglutida, conocida comercialmente como Ozempic. Es un fármaco para pacientes diabéticos, que tiene entre sus efectos secundarios la disminución del apetito. Por eso, muchas personas han comenzado a tomarlo sin necesidad, simplemente para perder peso. Las consecuencias han sido desastrosas, pues en muchos países en los que se puede adquirir sin receta ha habido un gran desabastecimiento, dejando sin reservas a quienes realmente lo necesitan. Pero ese no es el único problema. El Ozempic supone otros muchos efectos secundarios por los que no vale la pena correr el riesgo si no es estrictamente necesario. Muchos científicos están en busca de una alternativa. Un fármaco que realmente vaya dirigido a reducir el apetito. Y, ¿por qué no? A prevenir ciertas enfermedades.

Y eso justamente es lo que ha conseguido un equipo de científicos del Instituto de Química Orgánica y Bioquímica de la Academia Checa de Ciencias. Han desarrollado un fármaco que reduce el apetito, como el Ozempic, y, además, ayuda a prevenir el alzhéimer.

Es importante destacar que de momento solo lo han probado en cultivos celulares y animales de laboratorio. No obstante, dado el éxito de esta primera fase, esperan poder comenzar pronto los ensayos clínicos con humanos. Si en ellos también funcionara, podríamos estar ante una alternativa al Ozempic muy interesante. 

Ozempic versus CART

La semaglutida (Ozempic) es un agonista de los receptores del péptido-1 similar al glucagón (GLP-1). Eso significa que imita a la hormona GLP-1, que normalmente se libera en el sistema digestivo como resultado del consumo de alimentos. Como respuesta, se estimula el páncreas para que genere más insulina que ayuda a captar de la sangre la glucosa de esos alimentos e introducirla en las células. Pero hay algo más. El Ozempic también actúa sobre los sistemas del cerebro responsables de la saciedad. Ya ha habido un consumo suficiente de alimentos, por lo que, para que no se introduzca más glucosa en el organismo, se empuja al cerebro para que, dicho muy a grosso modo, nos quite el hambre. 

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El Ozempic actúa estimulando la producción de insulina y regulando los sistemas de saciedad del cerebro. Crédito: Markus Winkler (Pexels)

En cambio, lo que han estudiado estos científicos checos es algo diferente. Se centraron en el estudio de CART, un péptido que se produce de forma natural en el cerebro y tiene acción anorexigénica. Es decir, cuando se genera reduce el apetito.

Aunque se produce de forma natural, a veces la dosis no es suficiente. Por eso, estos científicos querían estudiar la forma de sintetizarlo en el laboratorio para administrarlo de forma exógena. Lamentablemente, si se suministra desde fuera no es posible que llegue al cerebro. Era necesario solucionar esto, por lo que procedieron a realizar una serie de modificaciones, uniendo el péptido a varias moléculas de lípidos que facilitarían su paso a través de la barrera hematoencefálica. Esta barrera se encarga de proteger al cerebro de agresiones externas, pero a veces puede ser también un quebradero de cabeza para conseguir que ciertos fármacos lleguen hasta él.

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