La Navidad ya ha terminado. En España, como suele ser habitual, hemos acabado este periodo festivo abriendo regalos, comiendo roscón y lamentándonos por no haber ganado nada de dinero en la lotería de El Niño. Vale, puede que haya personas que sí hayan ganado algo, pero la mayoría no. Es lo que tienen los juegos de azar. Ganar la lotería es un sueño difícil de conseguir en el que ni siquiera las matemáticas pueden ayudarnos del todo. Aunque, en realidad, una mezcla de labia y matemáticas sí que pueden tener cierta utilidad. Stefan Mandel es la prueba viviente de ello.
Se trata de un economista rumano-australiano que en la década de 1990 logró ganar la lotería 14 veces en varios países distintos. Las matemáticas fueron bastante simples, pero si nadie había logrado antes su hazaña fue, posiblemente, porque no disponían de su capacidad de persuasión.
Y es que, básicamente, lo que hizo este economista fue buscar a inversores que le ayudasen a comprar absolutamente todas las combinaciones posibles. Lógicamente, les prometió una parte de las ganancias. Si no, no habría tenido sentido. Hecho esto, solo quedaba esperar a que el número en cuestión saliese del bombo (o del sistema de selección que fuese). Todo parece muy sencillo y realmente lo es. ¿Dónde estaba entonces el hándicap de sus métodos?
Matemáticas extremadamente sencillas
Hay una pregunta que casi todos nos hemos hecho alguna vez. ¿Cuánto costaría comprar todas las combinaciones posibles de la lotería? Si lo hacemos, como es normal, ganaremos seguro, ya que tendremos el número premiado. Aunque muchos nos hemos hecho la pregunta, rara vez cogemos la calculadora para hacer los cálculos. Al fin y al cabo, ¿quién podría comprar todos los números posibles?
Mandel también se hizo esta pregunta, pero fue más allá. Empezó con un juego de la lotería rumana. Como era de esperar, cuando calculó la suma de comprar todas las combinaciones posibles, vio que esta era enorme. Tan sumamente grande que no se podría recuperar con todo el dinero de los diferentes premios. Es normal, si eso no fuese así todos seríamos ya millonarios.
Estas fueron las únicas matemáticas que tuvo que utilizar. Hizo los cálculos con varios juegos de la lotería rumana y comprobó que en algunos casos el gasto era tres veces mayor que lo que obtendría al ganar la lotería. No es rentable, desde luego, ¿pero y si le echasen una mano?
Inversores para ganar la lotería
Aquí entra en juego la labia de Mandel. Decidió buscar personas que le ayudasen a comprar todos los números posibles. Él se encargaba de repartir los números y les prometía una parte del premio proporcional a la inversión. Al principio fue difícil, no parecía más que un charlatán. Sin embargo, cuando ganó por primera vez la lotería, comenzaron a verlo con otros ojos.


La ganó varias veces en Rumanía. Luego decidió viajar a varias partes de Europa y, después, a Australia. Allí siguió buscando inversores y comprando todas las combinaciones de distintos juegos. Cada vez le resultaba más sencillo encontrar personas dispuestas a sumarse a su rocambolesco plan. De hecho, incluso se organizó para proteger sus inversiones a través de una especie de sindicato bautizado como Fondo Internacional de Lotería (ILF por sus siglas en inglés).
Poco a poco fue reuniendo inversores extendidos por todo el mundo. Eso le permitió sumarse también a la lotería de Estados Unidos. Supo que en Virginia había un juego donde la cantidad total de combinaciones era mucho más baja de lo habitual. No necesitaría tantos inversores y el pellizco a repartir sería mayor. Decidió jugar también, aunque estuvo a punto de meter la pata.
Por algún motivo, algunos de sus colaboradores se echaron atrás a última hora, por lo que a la hora de la verdad solo disponía de 6,4 millones de los 7 millones de combinaciones posibles. Podrían haber perdido mucho dinero, pero tuvieron la gran suerte de disponer del número ganador. Otro premio más para su lista.
Incluso los ganadores de lotería profesionales se jubilan
Han pasado más de 30 años de las hazañas de Mandel. La suma de dinero con la que se hizo al ganar la lotería 14 veces es astronómica, por lo que finalmente consideró que era suficiente y se retiró del juego. Se retiró literalmente, pues actualmente, a sus 91 años, vive tranquilamente en una casa en la playa, en Vanuatu.


Tanto la CIA como el FBI investigaron sus movimientos, pero no lograron dar con ninguna irregularidad. Y es que, en realidad, no hizo nada ilegal. Simplemente sumó matemáticas, ingenio y persuasión para ganar la lotería una y otra vez. Ya, ya sabemos lo que estás pensando. ¿Cómo no se te había ocurrido antes?