En No vengas a casa de Netflix, varias cosas suceden al mismo tiempo. Por un lado, la huida de Varee (Woranuch BhiromBhakdi) de un matrimonio violento. Lo que la que obliga a volver a la casa en la que creció y a enfrentar los recuerdos — y secretos — que la propiedad guarda. Por otro lado, la desaparición inexplicable de su hija Min (Ximena Frutos) en condiciones imposibles y sin que haya una explicación clara de lo ocurrido.

A lo largo de seis episodios, la serie tailandesa de Woottidanai Intarakaset avanza a través de un guion tramposo lleno de giros inesperados. Pero ninguno sorprende tanto, como la cadena de situaciones que conducen a un final impactante, que une todos los cabos sueltos que el argumento dejó a su paso. Mucho más, que brinda una explicación escalofriante del enigma de la vieja casona en que se refugia Vare, la verdadera identidad de Min y hasta el fenómeno misterioso que las une a ambas.

Todo en medio de una lucha por la supervivencia entre la joven madre y diversos personajes, todos atrapados en lo que parece una red de medias verdades y circunstancias caóticas. No obstante, el capítulo seis brinda las suficientes explicaciones a lo que ocurre, como para cerrar de manera satisfactoria la trama. En específico, explicar de manera profunda, qué tipo de misterio esconde la casa familiar de Varee, su azarosa vida y, al final, la mera existencia de la pequeña Min.

Una vieja casa y el misterio que se esconde en ella

No vengas a casa, comienza con el tono de un argumento de terror. Tanto, que sus dos primeros capítulos se dedican a crear una atmósfera enrarecida alrededor de un suceso puntual. Varee, una mujer aterrorizada por un marido abusador, escapa de él y se esconde en la vieja casa en la que creció. Ya en la propiedad, comprueba que la casona es el escenario de sucesos inexplicables. En particular, la aparición de dos espectros terroríficos y muy diferentes entre sí.

Por un lado, una mujer con la piel quemada y descalza, que la pequeña Min comienza a ver en todas partes en la oscuridad. Al otro extremo, una niña con dos trenzas y una máscara de plástico, que recorre los pasillos y habitaciones, que acecha a Varee. Ambos sucesos no parecen estar conectados, pero de hecho sí lo están. Particularmente, porque tanto la una como la otra aparición, están conectados a Varee de manera directa. 

Lo que el personaje comprenderá a medida que se desarrollen los acontecimientos. Particularmente, luego que Min desaparezca, lo que la obligará a explorar en la casona y lo que oculta. El más extraño es una puerta cerrada, que conduce a un sótano en que ocurre un fenómeno que la serie no explica de inmediato. Solo se puede ver, lo que parece una fractura en la realidad, que congela eventos y hasta objetos en el tiempo. También, que abre lo que parece ser un conducto hacia otra realidad o dimensión. Desesperada por encontrar a Min, Varee se arriesga a comprobar lo que ocurre detrás de lo que parece un portal de sombras, el sótano de la mansión.

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