Cumbres borrascosas se estrenó y sorprendió. Mucho más, se convirtió casi de inmediato en una obra divisiva, polémica y, al parecer, destinada a una perpetua controversia. Razones no faltan: la directora Emerald Fennell, conocida por la erótica Saltburn, tomó el clásico gótico y lo transformó en una rarísima combinación de drama, sexo y culpa. Eso, al descartar directamente algunas de las tramas principales de la novela, para enfocarse solo en el romance tormentoso entre sus protagonistas. Hacerlo además desde una óptica turbulenta, sórdida y hasta sadomasoquista. 

La explosiva mezcla no dejó indiferente a nadie. En la actualidad, la cinta tiene un 69 % de críticas positivas en el agregador Rotten Tomatoes, lo que por ahora la califica como fresca y un éxito entre la prensa. No obstante, la mayoría de los análisis dejan claro que la cinta, a pesar de su popularidad, deja mucho que desear en algunos aspectos. The New York Post la considera “una revisión sexy, divertida, deslumbrante y oscura que mantiene intacta la aterradora obsesión”. Una opinión que matiza Time Out, que insiste en que “es difícil preocuparse por personajes tan poco simpáticos, lo que hace que cualquier momento de impacto emocional o erótico intencionado fracase”. 

Más dura es la opinión de The Boston Globe, que puntualiza que la película es una producción fallida, llena de baches y retorcidos puntos de vista. Peor aún, recalca que sus protagonistas carecen de interés. “Aunque son sorprendentemente atractivos por sí mismos, Elordi y Robbie no tienen ninguna química romántica”, explica la crítica. Lo cierto es que la cinta parece encontrarse en el complicado terreno de ser un experimento fallido y a la vez, una cinta provocadora con personalidad.

Todos los elementos que provocaron que el interés por la producción se disparara. Por lo que ya se anuncia que es probable que tenga un estreno cerca de los $80 millones de dólares. Un rotundo éxito que puede impulsar a la cinta a ser uno de los grandes triunfos de taquilla del año que apenas comienza. 

Una osadía que no salió tan bien

Cumbres borrascosas

Pero, ¿realmente es para tanto todo el revuelo alrededor de la película? En realidad, Cumbres borrascosas tiene mucho de ser la combinación ideal entre una premisa provocadora con una puesta en escena atractiva. Además, el punto de vista de Emerald Fennell está enfocado en ser incómodo, convirtiendo al clásico de Emily Brontë en una reflexión sobre el deseo y la potencial violencia del amor carnal.

Todo, en un empaque cinematográfico extraordinario: filmada en VistaVision de 35 mm, la cinta es un espectáculo visual de primera calidad. Por lo que no se trata de una producción sencilla de analizar y, mucho menos, de solo clasificar de inmediato. 

Una directora en pie de guerra

Cumbres borrascosas

Uno de los puntos más críticos de la producción han sido las declaraciones de la misma realizadora, que también adapta, acerca de su punto de vista sobre la película. Desde el principio, Emerald Fennell dejó claro que su intención no era rendir tributo a la obra literaria ni a su espíritu, mucho menos a sus grandes temas.

En lugar de eso, su objetivo es sublimar la fascinación y desconcierto que leer la novela le provocó a los catorce años de edad. La realizadora ha sido clara al enfatizar que incluso el uso de comillas en el título es una forma de establecer desde el principio y de manera directa que es una versión sobre la historia. Una personalísima, que no rinde tributo ni espera hacerlo.

Una filmografía llena de críticas

Por supuesto, esa óptica le ha valido una serie de duras críticas. La mayoría hace hincapié en el hecho de que utilizar el clásico gótico para tratar temas ajenos a su argumento es poco menos que absurdo. Fennell, de hecho, desdeña toda la reflexión sobre el aislamiento, la violencia generacional y la venganza de la novela original.

Eso, para convertir Cumbres borrascosas en una historia de amor trágica con tintes oscuros y sexualmente explícitos. Desde la primera escena de la película, en que la directora establece las agónicas semejanzas entre el dolor y el placer, el objetivo es claro. Tomar toda la reflexión de Brontë sobre el desarraigo, la angustia y la crueldad, para hacerlo un subtexto erótico. 

Éxito y controversia

No es la primera vez que la directora lo hace. En Hermosa venganza (2020), cuyo argumento ganó el Oscar a mejor guion original, se le acusó de utilizar el delicado tema de la violencia sexual como trasfondo para una sátira. También, de hacer mucho más énfasis en el apartado estético que en desarrollar a sus personajes. O al menos, brindarles mayor complejidad que simples estereotipos en pantalla. 

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