Se dice que cuando los pueblos del Cáucaso descubrieron el kéfir lo mantuvieron en secreto durante cientos de años. Pensaban que era un regalo de los dioses y no querían compartirlo. Y no es raro que pensasen que era algo divino, dadas las creencias de la época, pues es cierto que tiene un sinfín de propiedades. Por suerte, finalmente hicieron pública su receta, popularizándola por todo el mundo. Hoy en día podemos encontrar kéfir en todos los supermercados; pero, mejor aún: también podemos hacerlo nosotros mismos.

Hace alrededor de una década que la elaboración casera del kéfir estuvo de moda. Los grupos de amigos y familiares compartían los gránulos de microorganismos para fermentar la leche. Del mismo modo que se comparte el SCOBY que se emplea para preparar kombucha. Es un ritual bonito, pues no solo nos da el gusto de preparar algo rico y saludable nosotros mismos. También nos une a esas personas con las que compartimos la ciencia que hay detrás.

Aunque parecía que la moda había decaído un poco, el kéfir sigue estando en auge. Es más fácil encontrarlo para comprarlo, pero no hay nada como hacerlo en casa. Por eso, te contamos cuáles son los pasos que debes seguir y, por supuesto, un poco más de historia y ciencia.

Joyas de los dioses

Las familias del Cáucaso atesoraban sus propios gránulos de kéfir y las transmitían de generación en generación. Prácticamente, los trataban como si fuesen joyas, pues para ellos era un regalo divino. Y también sabroso, pues su nombre proviene del turco kef, que significa “buena sensación”. 

Tardaron varios siglos en enseñar su receta al mundo. Sin embargo, no se hizo de suficiente fama hasta el siglo XIX. Desde entonces la popularidad del kéfir no ha hecho más que aumentar. Tanto que muchos ya lo conocen como el “yogur del siglo XXI”. Pero no es yogur. Hay una gran diferencia, ya que en el yogur la leche se fermenta solo con bacterias, mientras que en el kéfir se usa una amplia población de bacterias y levaduras. Eso es lo que se encontraba en aquellos gránulos que trataban como joyas.

La ciencia del kéfir

Los granos de kéfir, conocidos como búlgaros, contienen sobre todo bacterias lácticas. Más de un 92% son del género Lactobacillus. No obstante, también abundan otras bacterias lácticas, concretamente las del género Leuconostoc, y algunas bacterias acéticas del género Acetobacter. En cuanto a levaduras, la más habitual es Saccharomyces cerevisiae, la misma que se utiliza para obtener bebidas como la cerveza y alimentos como el pan.

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