Las cifras de la contaminación por plásticos son muy preocupantes. Se calcula que aproximadamente se liberan al océano 8 millones de piezas de plástico cada día y 12 millones de toneladas de este material al año. Todo eso supone anualmente la muerte de 100.000 mamíferos y tortugas marinas, así como de 1 millón de aves. Los grandes plásticos son un problema, pero los microplásticos resultan si cabe aún más preocupantes, porque pueden ser invisibles a nuestros ojos.

Ponen rumbo al mar de millones de formas, desde las fibras que se liberan en nuestras lavadoras hasta el deterioro de piezas de plástico más grandes. Una vez en los océanos, comienzan un ciclo por el que pueden llegar de vuelta hasta nosotros de las formas más rocambolescas. Se calcula que 1 de cada 3 pescados que se capturan en el mar tienen plásticos en su interior. Pero ese no es el lugar más extraño en el que se han encontrado.

Los microplásticos se han hallado en ubicaciones muy dispares, tanto dentro del cuerpo humano, como en alimentos o en lugares recónditos del mundo. Se extienden sin que nos demos cuenta, por lo que, más que detener su movimiento una vez que se liberan, debemos ocuparnos de disminuir la cantidad de plásticos que se liberan y evitarlos o reciclarlos en la medida de lo posible. Por cada tonelada de plástico que se fabrica, se liberan al ambiente 2,5 toneladas de dióxido de carbono, por lo que el problema es mucho más amplio de lo que parece. La mejor solución es cortarlo de raíz.

Microplásticos en el meconio de los bebés

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Ignacio Campo (Unsplash)

Se conoce como meconio a las primeras heces de los bebés recién nacidos. Por eso, resulta extraño imaginar que alguien que acaba de venir al mundo ya pueda tener microplásticos en su organismo. Pero sí que los tienen.

En 2021, un equipo  internacional de científicos llevó a cabo un estudio con bebés y adultos, dirigido a analizar la cantidad de microplásticos en las heces de cada uno de ellos. Participaron 6 bebés de un año, 3 recién nacidos y 10 adultos. Es, por lo tanto, un estudio pequeño, pero sus resultados pueden explicarse con otras investigaciones y son suficientes para seguir tirando del hilo y analizar este problema.

Curiosamente, los niveles de microplásticos en los bebés de un año era mayor que el de los adultos. De hecho, al sumar la cantidad encontrada, se concluyó que era mayor en las heces de los 6 niños que en las de los 10 adultos. Esto puede explicarse por el hecho de que los niños muerden juguetes, biberones y cubiertos de plástico constantemente. También sus ropas pueden estar confeccionadas con fibras plásticas. Tiene sentido. ¿Pero qué pasaba con los bebés que aún apenas habían mordido nada?

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