Ted Lasso
Ted Lasso

Han pasado tres largos años, pero la temporada 4 de Ted Lasso por fin ha llegado. Durante muchos meses, tanto Apple TV como el resto del equipo se mostraron favorables a continuar con la exitosa serie de comedia y fútbol. Pero la condición indispensable era que Jason Sudeikis, su creador y protagonista, encontrase la historia y las ganas para regresar. Finalmente dio con ello, esta vez desde un nuevo enfoque que prometía romper moldes.

En los nuevos episodios de la serie, el protagonista se encuentra en Texas, su hogar natal al que regresó al final de la temporada anterior. El tiempo ha pasado y él trabaja en un supermercado. Pero la tranquilidad no dura para siempre. Y la suya se rompe cuando Rebecca, Keeley y Higgins llegan por sorpresa para recordarle dónde fue realmente feliz. El objetivo es llevarle de vuelta a Richmond.

Pero esta vez no le quieren para entrenar a su equipo habitual. Roy Kent sigue al frente. Por contra, quieren que Ted Lasso se encargue de su mayor desafío hasta la fecha: entrenar al recién creado equipo de fútbol femenino en segunda división. A lo largo de la temporada, Ted y el resto del club aprenderán a lanzarse a la piscina, arriesgándose a hacer cosas que nunca pensaron que harían.

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Volver a donde fuiste feliz

A la vez que Rebecca y compañía van a por Ted Lasso hasta Texas, también lo hacen a por nosotros. Esa visita lo que logra rápidamente es recordarnos que, efectivamente, durante los años que la serie estuvo en antena con sus tres temporadas anteriores, fuimos felices. Darle al play al primer episodio se siente como regresar a casa tras mucho tiempo fuera. De pronto, el contagioso buen humor y la alegría casi infantil traspasan la pantalla y vuelven a llenarnos la cara con una sonrisa sincera.

Aunque quizá es ahí donde también radica el principal problema de Ted Lasso en su temporada 4. Si las tres primeras se sentían como una única historia, en esta nueva entrega efectivamente se da paso a una secuela. Ese era el objetivo, y la sensación está presente desde el primer momento. Pero es una secuela demasiado rutinaria para una serie que, sobre todo en sus orígenes, tanto arriesgó por ser diferente y explorar temas complejos como la masculinidad y la salud mental.

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Ahora, la serie es mucho más conformista y solo repite los mismos esquemas que ya se habían usado antes. Ted se hace cargo de un equipo de underdogs disfuncionales a los que tiene que convertir en una piña si quiere encontrar el éxito. Rebecca vuelve a ver cómo sus actos pueden afectar para mal a sus seres queridos. Y Keeley y Roy aún mantienen ese eterno tira y afloja romántico.

Es cierto que el añadido del equipo femenino ofrece temas muy sugerentes para indagar y que el guion es capaz de exprimir para sacar también momentos divertidos. Hay un potencial muy interesante ahí, pero por ahora no termina de desarrollarse y el resto, al menos en los cuatro episodios disponibles para la crítica, se siente demasiado igual a lo que ya conocíamos. Es probable que todo vaya a más y mejor en la segunda parte de la temporada. Pero aunque el encanto original está ahí, el colmillo de los Greyhounds ha desaparecido.

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Lo viejo y lo nuevo

Con este panorama, parece claro que lo viejo le ha ganado la batalla a lo nuevo en la temporada 4 de Ted Lasso. Lejos de buscar ser fresca y distanciarse de sí misma, la serie se encuentra muy a gusto revisitando sus zonas comunes. Algo que, en cualquier caso insisto, no quita para que sea una entrega divertida y muy placentera que cualquier fan verá con gusto.

El mayor exponente de cómo Ted Lasso no quiere sacudirse sus viejos hábitos se encuentra en el desarrollo que se les da a los personajes. Los ya conocidos -véase Ted, Rebecca, Keeley, Roy, Higgins o Beard– tienen mucho más espacio que los nuevos fichajes. La serie no hace demasiado esfuerzo, al menos en este arranque, en que conozcamos en profundidad a los que deben ser sus nuevos rostros habituales, las jugadoras del equipo femenino. Las presenta, nos quedamos con sus caras y cuatro detalles muy marcados. Pero nada más.

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La única que se sale de la norma es Tanya Reynolds. La actriz de Sex Education se pone en la piel de la entrenadora Alice Chilton. Una mujer hosca, pesimista, áspera, callada y difícil, que puede por momentos incluso recordar al Roy Kent original. En definitiva, el contrapunto perfecto para Ted. La relación que se establece entre ambos, y el buen trabajo de dos grandes actores como Sudeikis y Reynolds, se convierte en el mejor elemento de la temporada 4 de Ted Lasso.

Porque Ted, cuando lo conoces, resulta hasta incómodo y molesto con tanta alegría y chistes malos. Pero ese carácter lo que hace es ir reventando la coraza y obligando irremediablemente a que le cojas mucho cariño y afecto. Nos sucedió a todos nada más empezar la primera temporada. Les sucedió a Rebecca, Roy y los demás. Y es lo que le va pasando a Alice. La dinámica entre ambos entrenadores a la hora de gestionar el equipo es donde la serie encuentra de verdad su brillo y su magia.

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En resumen, la temporada 4 de Ted Lasso se siente como una secuela correcta, divertida y entretenida, que nos recuerda lo mucho que echábamos de menos la serie pero a la que también le falta garra para explotar el potencial que sí se vislumbra. Mientras que las primeras temporadas nos hablaban desde su humor de temas serios, ahora el título simplemente abraza su estatus de serie confort, sin profundizar en nada en concreto.

Es bonito reencontrarse con estos personajes y ese universo feliz. Lo necesitábamos y en este aspecto la nueva entrega cumple de sobra para llenarnos ese hueco. Pero detrás de la nostalgia y las sonrisas se repiten esquemas manidos y poco arriesgados que, al lanzarse con el equipo femenino, pedían una reinvención algo más fuerte. En cualquier caso, Ted Lasso no ha perdido su encanto.

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