
Que la crisis de la RAM y el aumento de precios de las memorias está suponiendo un terremoto en todo el mercado tecnológico no es una sorpresa para nadie. Hay compañías (las pocas que fabrican en este sector) que se están haciendo de oro, aunque a los consumidores lo tienen cada vez más difícil. Una de ellas, Samsung, ha batido récords absolutos que demuestran el tsunami que ha supuesto esta crisis de la memoria.
La división de chips y semiconductores de Samsung es una de ellas. Y sus cifras asustan. Su presidente, con motivo de la presentación de resultados del segundo trimestre, ha asegurado que la compañía prevé este año alcanzar los 300 billones de wones. Por sí sola, no es más que una cifra enorme, pero representa un hito sin precedentes para esta división de la compañía coreana.
Tanto que su presidente ha salido a afirmar que :«El beneficio de este año será superior al beneficio acumulado durante los 40 años desde que iniciamos el negocio de los semiconductores». La crisis de la RAM (y de otras memorias) ha supuesto para esta división de Samsung ganar más dinero que en los últimos 40 años acumulados. 365 días de escasez y alta demanda basta para romper los récords de la compañía.
La crisis de la RAM va para largo
Y lo más curioso de todo es que, pese a los beneficios récord de este trimestre, que ha superado también los ingresos de los últimos tres años, se han esfumado 100.000 millones de dólares de valor de mercado debido a la preocupación que tienen los inversores por la sostenibilidad a largo plazo del auge de los chips impulsado por la inteligencia artificial. Pese al descuento, parece que el mercado sigue pensando que la situación actual es insostenible y que con todo estamos ante una burbuja.
En Samsung, lo ven de otra forma. Su presidente ha asegurado a los inversores que la compañía está invirtiendo más de 40 billones de wones anuales y que van a seguir aumentando la escala de inversión, lo que se estima como una señal de que la empresa pretende continuar con su estrategia de inversión para responder a la creciente demanda de semiconductores de inteligencia artificial (IA), y que de momento parece que nada va a cambiar, tal como anticipan otras compañías que siguen viendo un 2027 tremendamente inflexible en términos de precio y demanda.
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