Si amas el terror, ya lo sabes: Obsesión de Curry Barker y Backrooms de Kane Parsons ya son parte de la historia de Hollywood. Y lo son por una razón: ambas películas tuvieron presupuestos mínimos y se impusieron a The Mandalorian and Grogu. Esta última, la más reciente película de la saga Star Wars y una de las grandes apuestas de Disney para el verano. Pero lo cierto es que el doble debut en el cine de dos youtubers menores de 30 años tomó por sorpresa a la industria. Y también demostró que el mundo cinematográfico tiene mucho que aprender del fenómeno. 

Backrooms (producida por A24) arrasó con un debut global de 118 millones de dólares. Por el otro lado, Obsesión (Focus Features/Blumhouse) alcanzó un acumulado de 148 millones de dólares. Ambas producciones lograron lo impensable al derrocar a grandes titanes de Hollywood. Pero en específico, demostrar en la práctica que el regreso a las salas de cine es una realidad a tener en cuenta. Un fenómeno, además, que desafía los pronósticos pesimistas sobre la muerte de la experiencia cinematográfica. Y que demuestra que el séptimo arte debe reinventarse para una nueva generación de espectadores, con sensibilidades distintas y una visión alternativa al cine. 

Por lo que los éxitos de Obsesión y Backrooms dejan a su paso una serie de lecciones de interés para comprender el panorama actual cinematográfico. A la vez, para explorar en qué puede esperar a futuro a Hollywood, las nuevas tendencias y el apoyo a talentos recién llegados. Si te interesa el tema, el siguiente artículo es para ti. Te dejamos cinco razones del triunfo de Obsesión y Backrooms este fin de semana que serán esenciales para comprender el fenómeno. De la apuesta a un público nicho a la experimentación. Todo para entender un giro singular en el cine contemporáneo y la repercusión que pueda tener en los próximos años. 

Un público cautivo para nuevos realizadores

Si te consideras crónicamente conectado, no te sorprenderá demasiado la repercusión de Obsesión y Backrooms en su estreno. De hecho, la primera gran clave de este éxito histórico radica en la inmensa comunidad que ambos directores construyeron previamente en plataformas digitales. Incluso antes de dar el salto al cine tradicional. Kane Parsons, el talento detrás de Backrooms, ya contaba con millones de seguidores y reproducciones en YouTube. Todo, gracias a sus aclamados cortometrajes de terror analógico creados en 3D. 

Por su parte, Curry Barker, el director de Obsesión, ya había consolidado una sólida base de fanáticos de la comedia y el horror en su canal That’s A Bad Idea. Al estrenar estas películas en salas comerciales, los realizadores no tuvieron que empezar desde cero para atraer espectadores. Simplemente activaron a una masa crítica de seguidores leales que estaban ansiosos por apoyar sus proyectos en una pantalla grande. 

Mucho más, un público cautivo con el que, además, podían presumir de tener una relación cercana y directa gracias a la plataforma. Lo que transformó el consumo de internet en un evento comunitario masivo. También en una forma de marketing indirecto que benefició a la publicidad tradicional. Algo que convirtió a las películas en fenómenos virales antes de su estreno.

Sin nostalgia y mucho que contar en ‘Backrooms’ y ‘Obsesión’

A diferencia de las franquicias tradicionales de Hollywood que dependen de la nostalgia de los adultos, ambas producciones hablaron directamente el idioma de la generación Z. Las estadísticas de asistencia demostraron que cerca del 85 % de la audiencia de este fin de semana fue menor de 35 años. La mayoría, impulsada masivamente por las tendencias orgánicas de plataformas como TikTok e Instagram

Además, Backrooms capitaliza el concepto de los espacios liminales y las pesadillas surrealistas nacidas en foros de internet. Todo, al transformar ansiedades modernas en horror psicológico tangible. Al narrar historias diseñadas genuinamente por y para jóvenes, ambas cintas reactivaron el interés de una porción del público muy específica. Una, además, que la industria tradicional consideraba difícil de llevar a las salas de cine. 

El logro, además, de por partida doble, tiene especial interés porque tanto Backrooms como Obsesión se enfrentaron a un capítulo de la saga Star Wars. Mucho más, con el primer largometraje de una serie especialmente querida como The Mandalorian. Por lo que lograr no solo ganar el pulso de taquilla, sino también el crítico, es un triunfo considerable para el cine más allá de las franquicias. 

El buen boca a boca

Por otro lado, el éxito comercial de ambas películas se convirtió en una bola de nieve imparable. Todo, gracias a las recomendaciones de los propios espectadores y creadores de contenido. Obsesión logró una hazaña taquillera casi inédita al registrar un aumento continuo en la venta de boletos. Eso, durante su segundo y tercer fin de semana en cartelera. Un comportamiento que no se observaba fuera de la temporada navideña desde el clásico E.T. en 1982. 

Esta anomalía estadística demuestra que el público no asistió por campañas masivas de publicidad corporativa. Más bien fue una reacción de interés orgánico con respecto a las buenas críticas y el entusiasmo de las críticas en múltiples plataformas. La fascinación en redes por la actuación de Indi Navarrete como Nikki y los debates sobre el oscuro trasfondo psicológico de Backrooms, cautivaron. También generaron un fenómeno viral de urgencia cultural, donde quedarse fuera de la conversación digital no era una opción para los amantes del cine. 

Cansancio por sagas, franquicias y remakes

El público contemporáneo está demostrando un cansancio generalizado ante las interminables secuelas, remakes y las costosas franquicias cinematográficas de siempre. El drástico desplome del 70 % en taquilla que sufrió la millonaria producción de Star Wars este fin de semana no solo lo dejó claro. También, demostró que depender exclusivamente de una propiedad intelectual ya no es garantía de dominio absoluto en el mercado. 

En este escenario de saturación, Backrooms y Obsesión se convirtieron en alternativas radicalmente refrescantes y atrevidas. La audiencia premió activamente la originalidad y las premisas que no siguen las fórmulas tradicionales de los grandes estudios. Lo que demostró que hay un enorme apetito comercial por descubrir nuevas voces cinematográficas. 

A la vez, historias que rompan con los moldes establecidos del cine comercial. A esto se suma la excelente reputación de estudios independientes como A24. Que funcionó como un sello definitivo de calidad e innovación. Por su lado, FocusFeatures apostó a Obsesión como una opción innovadora, salida directamente de festivales y que se volvió un éxito entre críticos. Eso, incluso antes de estrenarse oficialmente. 

El dinero, siempre el dinero.

El éxito de ambas películas representa una verdadera revolución en la rentabilidad de la industria actual. Obsesión se filmó con un presupuesto micro de apenas 750,000 dólares, multiplicando exponencialmente su inversión inicial. Mientras que Backrooms costó solo 10 millones de dólares y contó con el respaldo estratégico de productores experimentados como James Wan. Por lo que su éxito en taquilla la convirtió en rentable incluso en la recaudación de los pases previos de los viernes en Norteamérica.

Al no cargar con los gigantescos costos financieros y burocráticos de un blockbuster de estudio, estas películas pudieron arriesgarse mucho más. Tanto en su propuesta estética y visual como en la narrativa. Lo que demostró que las grandes historias y el impacto cultural real importan mucho más en la taquilla moderna que los presupuestos descomunales.

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