En No vengas a casa de Netflix, lo que comienza como la búsqueda de una niña perdida, termina por volverse un escenario de ciencia ficción a toda regla. Eso, cuando la trama descubre — dejando algunos blancos en las necesarias explicaciones — que la casa en que ocurre la desaparición, es escenario para algo más desconcertante. Esto es, una brecha temporal. La cual permite viajar al pasado y que se convierte en el centro de la historia. Algo que hará que la trama se aleje de las explicaciones sencillas acerca de los sucesos que cuenta.
Mucho más, que explore en las posibilidades de una paradoja temporal que convierta toda la trama en un bucle temporal, destinado a repetir un conjunto de dramáticos sucesos una y otra vez. En especial, cuando la trágica encrucijada que conecta tanto el pasado como el futuro en una misma situación, convierta a Varee (Woranuch BhiromBhakdi), en una víctima. A la vez que en un rehén de una cadena de circunstancias que no puede controlar y que se hacen más complicadas a medida que avanza la trama.
Pero lo más llamativo en el argumento, es usar una paradoja temporal para explorar en una trama acerca del dolor, la pena, el duelo y lo inevitable. Más allá de algunos gazapos en su guion, No vengas a casa está construida para reflexionar acerca de la naturaleza de la desesperación y el sufrimiento. Todo a través de un nudo de eventos que condenan a Varee a un destino inexplicable y a quienes lo rodean, a ser partes de su enrevesada historia.
Una madre en busca de respuestas
Para puntualizar lo que ocurre en la nueva serie de Netflix, es conveniente recordar que la ciencia ficción, a menudo, plantea el viaje en el tiempo a través de dos posibilidades. Una, la que una máquina permita y venir en una misma línea temporal a través de fechas específicas, como ocurrió en Avengers: Endgame. La otra, un fenómeno que, también, instrumente la posibilidad de viajar, pero que sea más caótico y cercano a un fenómeno imprevisible.
Esta segunda opción es la que utiliza el argumento de No vengas a casa, para hacer funcionar su historia. Por lo que, a pesar de que Panida (Cindy Sirinya Bishop) intenta crear un artefacto que le permita modificar el tiempo, lo que logra es producir un portal. Y este, no ofrece control ni tampoco, revela la forma en que el tiempo se distorsiona a través de él. Lo que provoca, entre otras cosas, que la pequeña Min (Ximena Frutos), hija de Varee, viaje hacia el pasado sin poder regresar. Pero también, que las líneas temporales se vuelvan paralelas y se superpongan unas a otras.
Esa alteración cronológica ocasiona que Varee sea capaz de ver a la Min perdida en el pasado en el presente. También, que la niña pueda ver a su supuesta madre, como una sombra que va de un lado a otro de la casa. Pero en realidad, no se trata de espectros, sino la forma en que la serie explica que las líneas de tiempo están superpuestas y mezcladas, debido al fenómeno, núcleo del argumento.
Hacia atrás y hacia delante en un solo escenario


Siendo que el fenómeno temporal no tiene reglas, el argumento utiliza la salvedad para crear su máxima paradoja. A saber: que Varee y Min son la misma persona, solo que en diferentes momentos de su madurez. ¿Cómo ocurre algo semejante? La explicación proviene del lado más dramático del argumento. Panida, en medio del sufrimiento por la muerte de su hija, abre un portal en el sótano de su casa, que absorbe a Min desde el futuro. Sin saber de dónde proviene la pequeña o cómo — o desde cuándo— ha llegado a su lado, decide conservarla y hacerla pasar por su hija.
Por lo que la bautiza con el nombre de Varee y oculta el extraño fenómeno que envolvió su aparición. Varee crece, termina por contraer matrimonio, engendrar Min, que atrapada en un bucle temporal, se perderá en el tiempo. Solo para que todo vuelva a repetirse una y otra vez. Lo que lleva a la trama a utilizar en su trama la llamada paradoja del bootstrap o la predestinación. Una teoría que sugiere que, de ser alterado el orden cronológico, un viajero temporal, se encontrará atrapado en una serie de situaciones, que, al final, le llevarán, antes o después, a viajar a través del tiempo.


Por lo que Min está condenada a crecer con el nombre de Varee, engendrarse a sí misma, solo para volver a la casa en la que Min viaja al pasado. Aunque la serie concluye dejando claro qué ha pasado, no puntualiza si hay una manera — bajo los puntos propuestos en la trama — de detener el ciclo o, en cualquier caso, salvar la vida de Varee. Esta última, destinada a morir una y otra vez.