En Pedro Páramo (2024), la muerte está en todas partes. La adaptación de Netflix del clásico de realismo mágico de Juan Rulfo logra captar, desde sus primeras escenas, el espíritu siniestro del original. Por lo que el recorrido de Juan Preciado (Tenoch Huerta, de Wakanda Forever) hacia el pueblo de Comala, tiene mucho de peregrinaje hacia lo sobrenatural. El director Rodrigo Prieto explora con cuidado la sensación de fatalidad, centro de la historia, y la convierte en imágenes deslumbrantes. 

Por lo que la cámara sigue a su personaje a través de horrores sutiles. De un descampado árido que muestra lo que fue un pueblo lleno de intrigas hasta las casas en escombros, escenarios de todo tipo de ecos espectrales. El realizador — conocido mundialmente por ser el director de fotografía de Amores Perros — dedica e interés en plantear el contexto de la cinta. A saber: el recorrido de Juan Preciado hacia las entrañas de los recuerdos de su madre, que murió recordando al pueblo de su niñez y primera juventud. También, la búsqueda incansable de Pedro Páramo, su padre y la suerte que este corrió entre las sombras de Comala. 

Más cercana al género sobrenatural que al drama, Pedro Páramo está llena de escenas inquietantes, rodadas desde la oscuridad y un punto de vista subjetivo. La decisión brinda al recorrido de su protagonista — y los tétricos descubrimientos que hace — un aire de leyenda oscura. Desde las primeras secuencias, que muestran la devastación casi mitológica de Comala, hasta la forma de narrar las historias de los fallecidos. La cinta tiene un aire de fatal resignación, en medio de un argumento que une a todos sus personajes en un centro oscuro. La respuesta de lo que llevó al pueblo entero a la destrucción y a cada uno de sus personajes a vagar pesarosos luego de su fallecimiento.

Pedro Páramo

Netflix convierte la novela homónima de Juan Rulfo en un drama con tintes sobrenaturales, con un apartado visual deslumbrante. Eso, al mostrar el realismo mágico del relato original, en secuencias con aire onírico, que narran una historia violenta y cada vez más pesimista. Lo que permite al guion profundizar en personajes y escenarios, desde un punto de vista macabro.


























Puntuación: 4.5 de 5.

Una historia clásica bien contada

La novela de Juan Rulfo es conocida por ser compleja en su forma de presentar situaciones y personajes. En especial, por el hecho de que el relato avanza entre la identidad, historias y la muerte, entre símbolos macabros. El guionista Mateo Gil toma todo lo anterior y lo convierte en un escenario de historias que se entrelazan entre sí a través de un hilo conductor. Pedro Páramo (Manuel García Rulfo), un terrateniente brutal que domina al pueblo de Comala desde su finca Media Luna. 

Pero la trama tiene la suficiente sutileza para contar algo semejante, sin perder de vista, que la historia se inclina más a lo tenebroso. De modo que buena parte de las mejores escenas de la película, están enfocadas en narrar el sufrimiento de sus personajes. Un punto que justifica el lado sobrenatural del argumento, pero que, además, le brinda a la cinta una considerable profundidad. Rodrigo Prieto logra que la cinta sea mucho más que una adaptación correcta de una obra mítica, que lo es. También, crea que sea una reflexión sobre la violencia, la crueldad y la maldad. 

Todo en el escenario de un México rural que el director muestra como un territorio aislado, macabro y salpicado de horrores. Pero el mayor logro de la producción, es captar el aire de mitológica desgracia de Comala. El pueblo, un purgatorio en cenizas de lo que fue una docena de vivencias trágicas, llega a la pantalla pequeña como una colección de imágenes lúgubres. 

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