¿Quién no ha jugado alguna vez a atraer papelitos con un bolígrafo BIC después de frotarlo en un jersey de lana? ¿O quién no se ha pegado un globo a la cabeza tras frotalo en la ropa, para ver cómo se queda el pelo pegado a él? También vale un gato como el de la portada de este artículo. Estos son tres de los ejemplos más lúdicos de electricidad estática. Es un fenómeno que se conoce desde hace miles de años. Sin embargo, hasta ahora no se sabía exactamente cómo se produce.

Estaba claro que hacía falta fricción. Eso ya lo vio Tales de Mileto en el año 600 antes de Cristo, al frotar su piel con ámbar y comprobar cómo atraía el polvo. Con el tiempo se concluyó que se trataba de una carga eléctrica. Por eso se bautizó como electricidad estática. ¿Pero por qué se producía esa carga?

La respuesta ha llegado con un estudio que también ha tardado varios años en gestarse. Aunque esta vez no han hecho falta dos milenios. Han bastado cinco años para perfilar el fin del misterio de la electricidad estática. 

Las claves del frotamiento en la electricidad estática

Durante los últimos siglos ha habido muchas hipótesis sobre el origen de la electricidad estática. No obstante, se basaban en conjeturas que no se podían demostrar experimentalmente. Los primeros estudios serios llegaron en 2019, cuando un equipo de científicos logró estudiarlo más a fondo.

Eran investigadores de la Universidad Northwestern, de Estados Unidos, y decidieron analizar el comportamiento de la materia a nivel microscópico. Aunque veamos que las dos superficies que se frotan son aparentemente planas, a nivel microscópico cuentan con protuberancias. Con el frotamiento, estas protuberancias se deforman, y es ahí donde se inicia la corriente eléctrica. Hasta ahí se llegó con el estudio de 2019.

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Crédito: Olson & Marks. Nano Letters, 2024.

Desde entonces, estos científicos han estado realizando un modelo informático capaz de calcular las corrientes eléctricas que se forman en diferentes circunstancias a nivel 

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