Cumbres borrascosas de la directora Emerald Fennell (Saltburn), comienza por dejar claro lo obvio. Es una versión de una historia de amor tormentosa, perturbada y violenta, pero no la definitiva ni tampoco intenta serlo. Por lo que solo guarda relación con el clásico de 1847 de Emily Brontë de manera vaga. Más allá de los nombres de sus protagonistas y detalles específicos de la trama. Pero en realidad, Fennell, que también escribe el guion, no intenta ser exacta o crear un drama histórico. A lo que se atreve es a reimaginar el libro desde lo tortuoso y violento. Hacerlo, además, a partir de la brutal capacidad del amor para destrozar y redimir. 

Desde ese punto de vista, Cumbres borrascosas podría ser un melodrama enfocado en el sufrimiento, que lo es en cierta forma. Su interés es demostrar que el dolor emocional es también una conexión con el deseo sexual en su estado más primitivo y directo. No obstante, a pesar de lo que pudiera pensarse, la cinta no es tan sexualmente atrevida como se intentó vender durante su curiosa campaña de promoción. Fennell logra crear la sensación de anhelo reprimido que deja la mayor parte de lo erótico a la imaginación del espectador. Un logro técnico y de argumento que brinda a la película su rarísima personalidad.

Cumbres Borrascosas póster

«Cumbres Borrascosas«

‘Cumbres borrascosas’ transforma el clásico en una historia de amor tormentosa, erótica y perturbadora que sorprende por su emotividad. Salvaje y apasionada, reinventa la novela original para capturar la esencia de ese romance prohibido de los protagonistas. Aunque su personalidad tan libre y su distancia con el libro levantará polémica entre los fanáticos. 














































Puntuación: 4 de 5.

Pero el hecho es que la cinta es un romance torturado, violento e incómodo acerca de dos personas que no están destinadas a ser felices. Y que tampoco buscan serlo. Al final, tanto la Catherine de Margot Robbie como el Heathcliff de Jacob Elordi son amantes devorados por lo prohibido. Un punto en que la trama pone el énfasis.

Además, Cumbres Borrascosas lo relaciona con el poder del sexo para subvertir el orden (de clases, de lo permitido), que se hace cada vez más retorcido. A medida que la trama avanza, Emerald Fennell se aleja por completo de la posibilidad de solo contar una historia acerca del amor para hacerlo de su reverso oscuro. Una decisión que puede ser cuestionable (lo es en algunos tramos), pero que sostiene la cinta la mayor parte del tiempo.

Un amor condenado en ‘Cumbres borrascosas’

De la misma manera que el libro en que se basa, Cumbres Borrascosas explora la historia de amor entre Heathcliff y Catherine. Uno y otro, separados entre sí por la clase social. Los amantes se conocen desde la niñez y se aman desde entonces, pero no hay nada que los una. No solamente se trata de los atributos de riqueza y jerarquía que hacen imposible para ambos el amor, sino su lugar en el mundo. Ella es rica, blanca y está destinada a un matrimonio que, antes o después, la haga próspera y lejos de las privaciones de ser solo una mujer tratada como mercancía. Por otro lado, Heathcliff es su contraparte, un hombre pobre, marginado, pero que simboliza todo lo que Catherine quiere ser y necesita alcanzar. 

Abstracto e impreciso como suena, esa vaguedad es parte de la personalidad de la cinta. No se trata de un drama histórico, una pretendida adaptación fiel o un estudio de personajes. Es una exploración acerca de lo que estos pueden hacer para satisfacer el amor y, después, el anhelo carnal. Y no es solo sexo o un amor construido en la necesidad. La directora y escritora construye paso a paso la premisa de que lo erótico es subversivo. Que consumirse en deseo sexual es una forma de rechazar todo lo impuesto. Para Catherine en especial, es escapar de los límites restringidos de la persona que es, tentada y dominada (de forma explícita) por Heathcliff. 

Cumbres borrascosas

Pero para Heathcliff la cosa es más complicada: se trata de controlar y convertir a Catherine en su juguete sexual y emocional. Todo, sin ser violento, abusivo o que la película pierda el pulso de contar la rebelión de estos personajes marginales a través del sexo. Fennell no tiene miedo de dar el salto hacia una narración así de compleja, profundizando en sus protagonistas por separado. Por lo que buena parte de la primera hora se dedica a construir la tensión. Con habilidad, la directora evita hacer de la fantasía carnal que les obsesiona un solo territorio para hacerla atractiva o vulnerable.

El sexo sin tapujos como punto central de la película

Antes que eso, empuja a Cathy a descubrir qué es lo que se esconde dentro de la necesidad que la atormenta y amenaza con conducirla al desastre. Emerald Fennell no desarrolla al personaje de Margot Robbie como una mujer sin más remedio que sucumbir a la perversión erótica que sugiere amar a Heathcliff. En lugar de eso, diseña una antiheroína llena de defectos, vulnerable y osada, que emociona por ser a la vez inocente y destructiva. 

Margot Robbie hace un gran trabajo al indagar en un personaje tan complejo sin convertirla en un arquetipo. No es la doncella mancillada, la mujer atrevida o, al final, la víctima de los encantos irresistibles de su objeto del deseo. Es una mujer confundida por el hecho de sentir sensaciones y tener la necesidad de autorrealización a través del sexo como parte de todo ese descubrimiento interior. Cumbres borrascosas es feroz y violenta al entender que el deseo de Catherine no es menos nocivo y tóxico por venir de una mujer. Y que, de hecho, es el reflejo de Heathcliff.

Por otro lado, el personaje de Jacob Elordi es una especie de símbolo de lo prohibido. Que, además, roza y no cae en el cliché de un hombre que encarna el pecado. En ese sentido, el guion está más cerca de lo que Emily Brontë imaginó de lo que podría suponerse. El Heathcliff de Jacob Elordi es tempestuoso, retorcido y está obsesionado con Catherine en un espectro de sentimientos que va desde un odio no muy claro al amor. Entre todas esas cosas, Elordi logra que su personaje no parezca solo devorado por la venganza (que lo está), sino un hombre que no sabe amar. O solo sabe amar a Catherine.

Los puntos fuertes de una gran película controversial

Uno de los puntos más altos de la película es que Emerald Fennell convierte el hecho de contar una historia que es conocida para la mayor parte del público en una osadía. Lo hace al construir todo el eje de la trama en idas y venidas entre sus protagonistas, que van desde la niñez a la plenitud de la adultez, uno alrededor del otro. Catherine es una mujer llena de deseos, aspiraciones y necesidades que sabe está reprimida. No puede hacer mucho por remediarlo y está sometida a ese deber de ser una mujer con cierta posición social.

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