Los Bridgerton ha sido, a lo largo de todas sus temporadas, una reinvención del romance en clave de drama de época. Todo, con un fuerte acento en la provocación y usar el escenario de la regencia inglesa para experimentar en temas y puntos de vista. Un giro que llevó a las tres primeras entregas a terrenos de debate. De la exactitud histórica de su argumento, la identidad étnica de sus personajes y hasta el comentario social en su historia. Todos puntos que convirtieron a la adaptación de las novelas de Julia Quinn en un éxito rodeado de una particular polémica. 

Pero la temporada cuatro, que se estrena en dos partes (lo que marca un hito para la serie), parece más interesada en enfocarse de nuevo en su punto central. A saber: la manera en que el amor puede romper convenciones sociales y, de una u otra manera, salvar vidas. Se trata, claro, de una premisa que lleva el eje fundamental de Los Bridgerton a ser más cercano a La reina Charlotte: Una historia de Bridgerton, su celebrado spin-off, que a la temporada tres. Esta última, frecuentemente criticada por dividir su atención entre los dilemas de Penelope (Nicola Coughlan), los problemas que le acarreó su doble vida y el romance

Por lo que la nueva entrega de Los Bridgerton se enfoca en su romance central desde un punto de vista original. Mostrar cómo el amor se enlaza con la lucha por sobrevivir a una época complicada. Lo hace además, apostando al carisma de sus personajes y su química, antes que a dilemas complejos o dimes y diretes éticos. Eso, sin dejar su conocido trasfondo sobre los rumores, tensiones familiares, chistes y humor, que la volvió un clásico instantáneo de Netflix. Lo cierto es que la serie recupera su tono desenfadado y satírico. Pero a la vez, tiene un sentido muy claro acerca de su identidad. 

El amor en tiempos de ambición

Como se recordará, la temporada anterior, invirtió el orden de las adaptaciones de los libros de Julia Quinn en que se basa el argumento. Eso, en beneficio de la continuidad de la historia televisiva. Por lo que contó, el relato que corresponde a Romancing Mister Bridgerton, publicado en el año 2002, es cuarto en la cronología de la saga. Esta vez, el argumento da un salto para ahora sí, profundizar en la historia de An Offer from a Gentleman de 2001, que tiene como centro a Benedict (Luke Thompson).

Este último, uno de los personajes más curiosos de la franquicia Bridgerton. Además, el que hasta ahora se negó por completo a las delicias del amor romántico. De hecho, uno de los puntos centrales de la cuarta temporada es recordar con frecuencia que el segundo hijo de la familia y el artista bohemio es un espíritu libre. Por lo que hay breves menciones a Genevieve Delacroix (Kathryn Drysdale) y Tessa (Emily Barber). También, por supuesto, a los esposos Sir Henry Granville (Julian Ovenden) y Lucy Granville (Sandra Teles). No obstante, solo es una forma de establecer lo obvio: Benedict ama su libertad. 

Además, que no tiene el menor interés de formalizar ningún compromiso. A pesar de las preocupaciones de su madre. Por lo que hasta ahora ha pasado más tiempo experimentando que amando. Un punto de partida intrigante, porque lo cierto es que Benedict de inmediato demuestra que es tan apasionado y emotivo en el amor como cualquiera de sus hermanos. En el trayecto, el personaje pierde un poco su exuberancia y también su sentido transgresor (ya no es bisexual ni poliamoroso), pero gana en profundidad y complejidad. 

Un cuento de hadas en La Regencia para ‘Los Bridgerton’

Todo debido a que el caballero caerá rendido de amor por la misteriosa y apasionada Sophie Baek (Yerin Ha). Una heroína que directamente se inspira en La Cenicienta. De la misma manera que el personaje literario, el interés amoroso de Benedict no es alguien tan cercano a su mundo como miembro de la realeza o una joven aristócrata. En realidad, Sophie está luchando su propia batalla por sobrevivir al maltrato familiar y tratando de encontrar su lugar en el mundo. Algo que permite esta vez a Los Bridgerton analizar el tema de la diferencia de clases y el prejuicio.

Un punto de enorme interés que la producción aborda sin dejar a un lado su cualidad de fantasía romántica. Pero dando un paso adelante en la forma en que Julia Quinn aborda una relación amorosa entre dos personajes de clases distintas, la serie profundiza en los espacios en blanco entre ambos. Benedict viene de una familia y una clase social en que hasta ahora ha tenido toda la libertad y la riqueza para vivir su vida a su modo. 

Por el otro lado, Sophie, que debe soportar la violencia y las manipulaciones de su madrastra Araminta Gunningworth, Lady Penwood (Katie Leung). La viuda de Earl de Penwood, tiene su propio plan para lograr el éxito social y no incluye a su hija. Pero además, siente un desprecio enorme por la chica, por lo que la somete al escarnio y al control. Bridgerton no cae en el error de romantizar una situación semejante. En lugar de eso, lo muestra desde la óptica de que es el motor impulsor para que Sophie intente buscar el amor o, al menos, un escenario para escapar del sufrimiento. Lo que la llevará directamente a enamorarse del bondadoso, despreocupado y amable Benedict. 

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